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Delibes también fue pescador
Jueves, 26 de abril de 2012
Miguel Delibes, ese gran cazador de matacanes, pitorras, conejos, torcaces… empleó muchas mañanas y otras tantas tardes por los ríos de España. Con el agua hasta la cintura, esperando pacientemente a que picara una trucha de kilo y medio. O sin apenas luz en los arroyos y ríos cercanos a Valladolid, linterna en mano, sacando docenas de cangrejos de los de antes, de los españoles. Luego vendría el cangrejo americano arrasándolo todo, pero ese es otro cantar.
En el puente de Todos los Santos del año 2002, me acerqué a Vegarienzo, al norte de León. Allí me esperaba Paulino, guarda del río Omaña durante 35 años y uno de los últimos personajes vivos de las novelas de Miguel Delibes. Charlamos, me habló de Delibes, del Delibes pescador. Porque cuando don Miguel pescaba en el Omaña, llamaba antes a Paulino y disfrutaban los dos cogiendo truchas hermosas, salvajes. “Delibes era un pescador regularico. Es muy buen cazador, pero regular pescador”, me cuenta Paulino. Pescaba con mosca y era poco aficionado a la cucharilla. Paulino, ya jubilado, recuerda las ocasiones en las pescó con Delibes. Habla despacio, no tiene prisa por acabar la entrevista: “Siempre preguntaba por mí. Llamaba antes de venir. Delibes echaba sus canciones por el río mientras pescaba. Canciones de la tierra, castellanas. Estaba cantando continuamente. Venía él solo, con el coche. No se quedaba a dormir, se volvía a Valladolid. Comíamos en el Sandalio”. No se fue nunca Delibes sin dejarle alguno de sus libros a Paulino. Era hombre de fidelidades y de costumbres y sabía que eso a Paulino le agradaba.
Cuando Delibes escribió por fin un libro sobre la pesca de la trucha, dedicó un capítulo entero a Paulino, que llamó: “Paulino, el guarda del Omaña”. El libro, que tituló Mis amigas las truchas, tuvo el éxito que han tenido los libros de Delibes. Paulino, que tantas veces pescó con Delibes por chorreras y cachones, reciales y torrenteras, comprobó en ese libro el valor de una amistad forjada entre anzuelos, tasajos, plumas de lomo y corrientes de agua.
Leo en Mi vida al aire libre la queja de Miguel Delibes sobre las truchas que vinieron después: “Los que vengan detrás tal vez se acostumbrarán a sacar del río truchas de fábrica, de piscifactoría, y hasta es previsible que el artificio tome definitivamente su asiento en el mundo del deporte y el pescador del futuro encuentre tanto encanto en esta simulación como el que encontraba yo hace veinte años bregando con la trucha silvestre de Gredos o los Picos de Europa”.
Ayer teníamos al autor. Hoy nos quedan sus libros de pesca, de caza, de viajes… Cada uno con su léxico preciso, que no es igual una escorrentía que un ejarbe o una lameira. Y para la caza, una cosa es un aguardadero, otra un perdedero y otra un tiradero.
Se ha dicho de Miguel Delibes que ha sido un cazador que escribía. Si también recordamos al Delibes pescador, quizá sería mejor decir que Delibes fue un hombre de campo que escribió sobre el campo y atendió a su lenguaje.
Jorge Urdiales es el autor del Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes y del Diccionario de expresiones populares en la narrativa de Miguel Delibes.