Presentada la 4ª Ruta de Delibes

La 4ª Ruta de Delibes que recorre sus pueblos por la provincia de Valladolid ya está en marcha. Ruta basada en un libro de 1992, El último coto.

El último coto es el último libro de caza de Miguel Delibes en el que nos cuenta que hubo un coto que puso punto y final a los días de caza del escritor: El Bibre. Allí cazó con su dueño, Genuino Reglero en los años 40 y 50. Después volvió en los 80 y 90 ya con el hijo de Genuino, Jesús Mª. Junto a Jesús Mª Reglero pasó Delibes sus últimos años, meses, días de caza… hasta que colgó la escopeta.

Esta 4ª ruta, como las tres anteriores y las dos que están por venir, es un recorrido por los pueblos de la provincia de Valladolid que se nombran en uno de los libros del escritor, en este caso El último coto. Villafuerte, Renedo, Boecillo, Mojados, San Miguel del Pino, Tordesillas, Bercero, Villalar de los Comuneros, Vega de Valdetronco, San Salvador de Hornija, Adalia, La Santa Espina, Castromonte, Tordehumos, Villabrágima y Medina de Rioseco. 16 pueblos como 16 soles en la vida y la narrativa del escritor.

La Diputación de Valladolid, que es la que presenta, difunde y coordina estas rutas, ofrece al viajero un folleto en el que se detallan cuáles son los pueblos de la ruta, sus distancias, una breve reseña histórica, la cita en la que los nombra Delibes, un dibujo de cada uno, otras informaciones de interés turístico y unas líneas a modo de introducción del libro en el que se basa la ruta. A esto hay que añadir la información que se ofrece en la web de turismo de la Diputación de Valladolid (www.provinciadevalladolid.com) sobre la ruta: aportamos un ave, una planta y un vocablo rural para cada pueblo y que se nombran en la narrativa de Delibes.

Esta ruta, pienso como coautor de las mismas, necesita de dos jornadas para hacerla en condiciones. Yo empezaría por los pueblos del este y sur de Valladolid que se nombran en la ruta, para evocar (así se relata en el libro) todo tipo de historias curiosas como la de las cigüeñas en Mojados, la tormenta de Tordesillas o la de las perdices que parecían piedras en Villafuerte. Un paseo por Tordesillas, Mojados, San Miguel del Pino, Boecillo, Renedo y Villafuerte. Un tramo de la ruta para hacer en familia, sin prisas, buscando las grajas, garzas, azulones, autillos, pinos negrales, acederas, sauces… que proponemos para estos pueblos. Preguntando a la gente mayor que espera a comprar el pan o que está sentada junto a la iglesia o el bar por el significado de palabras como aspereza, trapunta, trasera, hachón… que vienen explicadas en el Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes y que ofrece con detalle la web de turismo de la Diputación. Y al acabar la mañana podríamos llevar a Delibes a cualquier restaurante o comedor de pueblo pequeño (que en Castilla se come bien en todas las casas). Y por la tarde nos daríamos una vuelta junto al Duero o el Esgueva o visitaríamos el castillo de Villafuerte o el Valle de los Sentidos de Renedo.

Para el domingo, nos iríamos al que fue el último coto de Delibes en los 40, 50, 80 y 90. El coto de Genuino y Jesús Mª Reglero. Rememoraríamos una jornada de caza como las que disfrutó en tiempos el escritor con su cuadrilla. Los mismos pagos, las mismas laderas, el mismo paisaje… Desayunaríamos en la cantina de la Zapatera, en Vega de Valdetronco, donde tantas mañanas tomaron el primer café antes de coger la escopeta junto a otras cuadrillas. Y así recorreríamos el coto por Villalar (al otro lado de la autovía), Bercero y San Salvador de Hornija viendo en directo sus perdices, codornices, conejos y liebres. Y, apuntadas en un papel las plantas y aves que nos propone la ruta, nos iríamos fijando en los trigos, las amapolas, el romero, el canto de los colorines o el vuelo de los vencejos. Antes o después, en Adalia o en Castromonte habría que preguntar y ver algún aseladero, bocacerral o cagarrutero como palabras del lenguaje rural de Delibes, del lenguaje rural de estos pueblos. En Villabrágima charlaríamos sobre el fin de la caza para Delibes. En Tordehumos buscaríamos a algún pariente del famoso bichero del pueblo que aparece en la narrativa del escritor. Y, al fin, en Medina de Rioseco, tapearíamos en la calle de los soportales. Y al caer la tarde nos acercaríamos con el escritor a Marina, la pastelería que conoció Delibes y que hoy sirve las mismas delicias de siempre. Y acabaríamos la jornada oyendo misa en la iglesia de Santa María de Mediavilla, que los domingos son fiestas de guardar.

Una ruta, esta 4ª, que nos hará caminar, contemplar, oler, reír, comer, escuchar, preguntar… Un viaje abierto a mil y una interpretaciones que desde hoy ya está al alcance de los turistas y aventureros.

 

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