A vueltas con Miguel Delibes: el bardo. www.revcyl.com

”A vueltas con Miguel Delibes: el bardo”, en www.revcyl.com, Valladolid, octubre 2009.

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A vueltas con Miguel Delibes: El bardo

 “Si a un conejo le ciegas el bardo, a morir; ya se sabe”. (Las ratas p. 82)

El bardo, en el diccionario de la RAE, viene referido a los conejos en la quinta acepción, después de bardo como poeta y bardo como sinónimo de barro y vallado de leña.

En el diccionario personal de Miguel Delibes aparecería en primer lugar. Dice el DRAE que el bardo es vivar de conejos, especialmente el que tiene varias bocas y está cubierto de maleza.

Lo explica mejor Miguel Delibes en la página 116 de El último coto (recordemos que Delibes es académico de la Lengua desde 1975, ocupando el sillón “e” minúscula):

Esto del bardo es fundamental para que el conejo se multiplique y se aquerencie a un determinado lugar. Armar un bardo era una vieja ciencia que ningún conejero de mi tiempo desconocía. Yo recuerdo los bardos del monte de Valdés, en La Mudarra, como auténticas obras de arte. Porque el bardo no es un simple vivar (un trozo de suelo minado, con bocas y galerías comunicadas) sino un vivar cubierto de leña –ramas secas de encina- de forma aproximadamente circular, con un diámetro de ocho o diez metros. La cobertura de leña, invita al gazapo a abrir nuevas huras, de forma que el bardo se transforma en poco tiempo en un aduar, un auténtico poblado, y, teniendo comida cerca, en un vivero de conejos inagotable. La mixomatosis acabó con los bardos y con la costumbre de hacerlos, puesto que el hacinamiento facilitaba la propagación de la enfermedad. Pero hoy, que la peste causa una menor morbilidad conviene volver a ensayar estas colmenas conejudas. Todo, naturalmente, a reserva de lo que diga la neumonía hemorrágica que ahora tiene la palabra.

Esta precisa definición nos la puede ofrecer Delibes después de haber cazado un domingo tras otro por los campos de España. Delibes, gran observador, está atento a los movimientos y costumbres de la Naturaleza. No sólo busca la pieza sin más, en este caso el conejo. A Delibes le interesa su circunstancia: cómo vive, cómo cazarlo…

Para Delibes, el campo es mucho más que una buena percha después de una jornada dominguera de caza.

 

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