Delibes cazador. Diario de Burgos

”Delibes cazador”, en el Diario de Burgos, Burgos, 19 de marzo de 2010.

 http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Opinión/20100319/delibes/cazador/7335156E-C799-046A-F4B61DD4A43D88B1

Delibes cazador

Miguel Delibes, larga y sobre todo ancha vida, nos ha dejado. Allá en la vida eterna también se irá de caza, no me cabe duda, por los tesos y páramos celestes en busca de un par de pitorras, que tiene que cansar mucho menos que aquí subir un rebarco detrás de una perdiz. ¡Hay que llenar la percha, don Miguel! Aunque apeonen y echen a volar cien veces, sea constante, que antes o después las cobrará.

¡Cuántas jornadas de caza por los alcores y mogotes castellanos! Cuántas liebres emplomadas en la falda de un sardón. Cuántos ganchitos con cuatro amigos en cuetos y coteras. Cuánta caza en el morral y cuánta caza perdida. No quiso nuestro escritor disparar sobre un venado o un jabalí. No era hombre de caza mayor. La sensación de ver los ojos de unos animales tan grandes mirando sus ojos antes de matarlos nunca le gustó. La caza menor era otra cosa. Descubrir una liebre amonada en su cama o un cagarrutero dando la pista de un bardo eran placeres que compartía Delibes con sus personajes. Lorenzo, en Diario de un cazador ya tuvo discusiones con Anita, su novia, por irse los domingos de caza. Una vez casados, en Diario de un emigrante, allá en tierras americanas, la afición cinegética de Lorenzo se mantuvo. Era un placer cazar, fuese en España o en América.

 

El cazador Delibes descansa ya el sueño eterno, pero sus cacerías han quedado escritas con letras de oro en Viejas historias de Castilla la Vieja, El último coto o Un año de mi vida. Cacerías contadas como fueron, con el léxico popular-rural que les corresponde. Releyendo sus obras hemos llegado a conocer los distintos «oficios» de un cazador: batidor, ojeador, cetrero, galguero, furtivo, bichero… Los lugares en los que se puede cazar -y de hecho cazó Delibes-: aguardadero, perdedero, tiradero, acotado… Fijémonos simplemente en la riqueza verbal al tratar estos temas cinegéticos: emplomar, manear, apeonar, apiolar, aspearse, cobrar, colgar, entrizar, cepear…
Es deliciosa la lectura de cualquier jornada de caza, aunque no hayamos cogido nunca una escopeta. Delibes cazó en una etapa lingüísticamente tan rica de Castilla y acertó a plasmar en sus libros un rico caudal de léxico típicamente rural que todavía se puede escuchar en boca de muchos ancianos. Refranes, dichos, sentencias, comparaciones, todo lo manejó con magistral maestría Miguel Delibes. Un gran cazador, un hombre de campo que escribió sobre el campo y atendió a su lenguaje.

                                                                                     Jorge Urdiales