Miguel Delibes, carta por carta. www.revcyl.com

 ”Miguel Delibes, carta por carta”, en www.revcyl.com, Valladolid, marzo 2010.

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Miguel Delibes, carta por carta 

“No viajo, no escribo, no cazo…”. Así comenzaba la primera carta que recibí del maestro allá por el año 2002. Ver en el buzón de mi casa el remite de don Miguel en una carta sellada en Valladolid fue una verdadera alegría. Leí y releí varias veces las palabras de la tarjeta que aparecían al abrir el sobre. Casi las aprendí de memoria.

Aquel 2002 andaba yo preparando mi tesis doctoral sobre el lenguaje popular-rural en la narrativa de Miguel Delibes. Hasta que llegó aquella carta a casa, el trabajo había sido duro y tenaz. Página a página, me había ido leyendo todas las obras del maestro, lápiz en mano, buscando todas y cada una de las palabras rurales que se encontraban en las descripciones del campo, de la ciudad y en boca de sus personajes. Al mismo tiempo anotaba las expresiones (refranes, sentencias, dichos, etc.) que se encuentran por cientos en sus libros.

Al concluir este primer trabajo, sumé. Tenía contabilizadas 1.130 expresiones y cerca de 2.000 palabras populares-rurales. Cribé las palabras en sucesivas ocasiones y me quedé con las 1.469 que consideré claramente rurales. Busqué una a una en el Diccionario de la Academia de la Lengua y comprobé que la mayoría aparecían con su significado preciso. Pero quedaban 329 fuera del diccionario académico. 329 palabras a las que había que darles solución. ¡Tenía que dar con el significado de esa terminología rural tan desconocida, al menos, para la gente de ciudad que lee a Delibes!

Fueron muchos los fines de semana que pasé con mi mujer por los pueblos de Castilla y León. Hicimos previamente un mapa de los pueblos más frecuentados por el maestro en sus jornadas de caza y pesca y centramos allí nuestras investigaciones. Quintanilla de Onésimo, Peñafiel, Villafuerte, Castrillo Tejeriego… Pueblo a pueblo, casi casa por casa, fuimos preguntando a los mayores del lugar por esas palabras que muchas veces nombraban objetos ya en desuso.

Volvimos, pasados unos meses, con 301 palabras bien definidas. Pero nos faltaban 28. No quedaba solucionado el discurso popular-rural de Miguel Delibes.

Decidí entonces escribir al maestro y preguntarle por esas últimas palabras. Despacio, a base de sorbos pequeños, de seis en seis, a lo sumo ocho, le fui mandando esas voces tan rurales. El maestro, siempre muy atento, me respondió una a una a todas mis dudas. ¡No hubo ni una sola palabra que el maestro hubiera olvidado! Fueron llegando a mi casa las sucesivas cartas con el significado de las 28 palabras que faltaban e incluso con alguna otra que le pregunté.

Al concluir mi Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes (2006) estaba ofreciendo a los lectores y admiradores del maestro, no sólo la solución a tanto vocablo rural extraño para muchos, sino el tesoro de contar con ¡46 palabras! Definidas por el propio autor.

En este mes de abril de 2010 el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua volverá a reeditar este diccionario de voces rurales en el que late lo que un día fue una parte muy importante de mi relación con Miguel Delibes.

Mis flores ante su tumba son tres: El Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, el Diccionario de expresiones populares en la narrativa de Miguel Delibes y el manual de redacción Aprende a redactar con Miguel Delibes de Ediciones Cinca, que va a estar desde la semana de Pascua en las librerías.

 

Maestro: Tú elevaste el español muy alto. Ahora nos toca a los demás continuar tu labor de ensalzarlo si seguimos tu ejemplo.

 

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