Bichar, www.revcyl.com

”Bichar”, en www.revcyl.com, Valladolid, abril 2011.

http://www.revcyl.com/tribuna%20libre/La%20pagina%20de%20Jorge%20Urdiales.html

A vueltas con Miguel Delibes

Jueves, 7 de abril de 2011

Bichar

El bichero de Tordehumos, el que aparece en El último coto de Miguel Delibes ya murió hace tiempo. Hombre de boina parda por los bordes como el señor Cayo, era un bichero de primera, de esos que conocen el terreno y no equivocan su salida al campo.

Al bichero de Tordehumos lo vi en una foto de revista de caza el pasado mes de marzo: la cara cuarteada, la boina hecha ya a su cabeza, la mirada despierta …

Dice Delibes en la página 53 de El último coto que a las dos bajaron a comer y allí dejaron al bichero, encorvado y con la boina capona en la cabeza.

Lo que hace un bichero es bichar el monte, el páramo, los rebarcos y las vegas de los arroyos y ríos. Todo aquel lugar en el que haya conejos. Si al bichero delibiano lo encontramos en El último coto, al verbo bichar hay que leerlo en un libro anterior, Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo:

Joaco Velasco nos decía en la comida que bichar el monte es la prueba más palpable de la recuperación del conejo (…) (p. 36)

 

Bichar no es palabra de diccionario. El de la Academia no la trae. La defino así en mi Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes:

 

Bichar: Llevar al hurón (el bicho) para cazar conejos y que éste entre en los bardos para que los conejos salgan a la superficie. (Investigación de campo)

En cuanto a “bichero”, tres cuartos de lo mismo. La definición del DRAE no es la que nos interesa en este caso. Tampoco las del Diccionario General de la Lengua Castellana ni la del Diccionario Ilustrado de Lengua Española. Pregunté al maestro en agosto de 2003 y me respondió en carta de 13 de agosto de 2003 que un bichero es un “cazador de conejos con bicho (hurón)”. El hurón es al final el que le saca al cazador los conejos del bardo.

He visto conejos embardados en los bardos, recluidos en las conejeras de mi tío Afrodisio, al ajillo en casa de Chelo y hasta colgados de un gancho en la carnicería de debajo de casa. Pero sé que no he llegado a conocerlos tanto como el maestro, que sabía de sus querencias y costumbres, sus hábitos alimenticios y sus idas y venidas por esos campos de Castilla que siguen estando algo huérfanos desde que no los recorre Miguel Delibes.