Con Delibes por La Mudarra

 ”Con Delibes por La Mudarra”, en www.revcyl.com, Valladolid, septiembre 2011.

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Con Delibes por La Mudarra

El primer campo que conoce Delibes es el Campo Grande, en la ciudad de Valladolid. Entonces aquel inmenso parque era verdadero campo y Miguel, casi sin haber dejado el pañal, se para ante su primera fila de hormigas que corretean sin descanso.

No tarda su padre en sacarlo al campo, al campo con mayúsculas, a La Mudarra. Recuerda Delibes, con el paso del tiempo, que de pequeño, cuando tenía seis años, su padre lo empezó a llevar de caza “a un monte que había por Torozos, antes de llegar a Medina de Rioseco, en la Mudarra”. Allí el niño Miguel se asombra ante los primeros cuervos de su vida, otras hormigas que siguen correteando sin descanso y la distancia que toman las nubes siguiendo la línea del páramo.

Miguel Delibes cumple años, siete, ocho, nueve… y su padre lo sigue llevando junto a alguno de sus hermanos a La Mudarra. Ya Miguel distingue una perdiz de una urraca y se va dando cuenta de que los cuervos se reúnen en consejo cada cierto tiempo y de que él y sus hermanos no siempre pueden andar dando voces y brincos por el campo. Aprende sus primeras palabras rurales. La figura de su padre, escopeta al hombro, en lo alto de un teso en el monte de Valdés, allí en La Mudarra, se la clava al niño Miguel en el fondo de su alma. Lo está idealizando. Su padre es el mejor padre del mundo. ¡Con qué parsimonia se mueve entre los tomillos!

En otras ocasiones el padre se los lleva al este de Valladolid a distancia parecida, en el extremo opuesto, a mano izquierda de la carretera de Soria, entre la cuenca del Duero y la cuenca del Esgueva.

Sea el Valle del Esgueva, sea La Mudarra, Miguel Delibes va interiorizando en sus salidas al campo su amor por la naturaleza y por los valores y costumbres de aquellos castellanos de trilla y panera, de boina y conejos en el corral. Aquellos personajes que un día el maestro los hará suyos en sus novelas.

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