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“Al Norte de la Sierra”, Onda Cero, 2008-2009, Carmelo (Castrillo Tejeriego)

Carmelo (Castrillo Tejeriego)

Colaborador del programa “Al norte de la sierra” de Onda Cero Castilla y León dirigido por José Antonio Quirce en las emisiones del 3, 10, 17 y 24 de septiembre; 1, 8, 15, 22 y 29 de octubre; 5, 12, 19 y 26 de noviembre; 3, 10 y 17 de diciembre de 2008; 14, 21 y 28 de enero; 4, 11, 18 y 25 de febrero; 4, 11, 18 y 25 de marzo; 1, 15, 22 y 29 de abril; 6, 13, 20 y 27 de mayo; 3, 10 y 17 de junio de 2009 dedicadas a las aves en la narrativa de Miguel Delibes.

“Al Norte de la Sierra”, Onda Cero, 2008-2009, la graja

Graja

Colaborador del programa “Al norte de la sierra” de Onda Cero Castilla y León dirigido por José Antonio Quirce en las emisiones del 3, 10, 17 y 24 de septiembre; 1, 8, 15, 22 y 29 de octubre; 5, 12, 19 y 26 de noviembre; 3, 10 y 17 de diciembre de 2008; 14, 21 y 28 de enero; 4, 11, 18 y 25 de febrero; 4, 11, 18 y 25 de marzo; 1, 15, 22 y 29 de abril; 6, 13, 20 y 27 de mayo; 3, 10 y 17 de junio de 2009 dedicadas a las aves en la narrativa de Miguel Delibes.

“Al Norte de la Sierra”, Onda Cero, 2008-2009, Fernando (Castrillo Tejeriego)

Fernando (Castrillo Tejeriego)

Colaborador del programa “Al norte de la sierra” de Onda Cero Castilla y León dirigido por José Antonio Quirce en las emisiones del 3, 10, 17 y 24 de septiembre; 1, 8, 15, 22 y 29 de octubre; 5, 12, 19 y 26 de noviembre; 3, 10 y 17 de diciembre de 2008; 14, 21 y 28 de enero; 4, 11, 18 y 25 de febrero; 4, 11, 18 y 25 de marzo; 1, 15, 22 y 29 de abril; 6, 13, 20 y 27 de mayo; 3, 10 y 17 de junio de 2009 dedicadas a las aves en la narrativa de Miguel Delibes.

“Al Norte de la Sierra”, Onda Cero, 2008-2009, Castrillo Tejeriego I

PalmiraColaborador del programa “Al norte de la sierra” de Onda Cero Castilla y León dirigido por José Antonio Quirce en las emisiones del 3, 10, 17 y 24 de septiembre; 1, 8, 15, 22 y 29 de octubre; 5, 12, 19 y 26 de noviembre; 3, 10 y 17 de diciembre de 2008; 14, 21 y 28 de enero; 4, 11, 18 y 25 de febrero; 4, 11, 18 y 25 de marzo; 1, 15, 22 y 29 de abril; 6, 13, 20 y 27 de mayo; 3, 10 y 17 de junio de 2009 dedicadas a las aves en la narrativa de Miguel Delibes.

Vigor y vida de lo rural castellano en Castilla habla de Miguel Delibes

”Vigor y vida de lo rural castellano en Castilla habla de Miguel Delibes”, en Revista literaria Remolinos, ISSN 1997-3489, nº 28, Lima (Perú), octubre 2007.

Vigor y vida de lo rural castellano en Castilla habla, de Miguel Delibes

Miguel Delibes se acerca a las gentes del campo. Las tiene por grandes, aunque aparentemente no lo sean. Su admiración por ellas es patente. En verdad son ricos y su rica  expresión los delata. Lo mejor que puede hacer es atenerse a ellos, sin añadir, ¿qué añadir?, mejor conservar intacto lo que dicen: “Voces aparentemente elementales de un pastor, un caracolero, unos modestos labradores, un molinero, un capador, un piñero, etc.”

Aparte su riqueza de expresión, que he procurado conservar intacta…”

Estas gentes de los pueblos de Castilla y León tienen afilados los ojos para ver, en síntesis acertada, nada menos que preocupaciones de pensadores del 98, los problemas de Castilla, tema y reflexión de filósofos. Delibes prefiere calificar a estos castellanos de sabios.

“Apuntan sabiamente a los ancestrales problemas de Castilla y León: sequía, pobreza del suelo, individualismo, despoblación, envejecimiento, contaminación, abandono oficial, desconfianza…”

Miguel Delibes se planta ante una Castilla de pueblos vivos. Le asombra. Castilla está viva en sus gentes más modestas. Estas humildes gentes enseñan al que pueda aprender de ellas.

“Por supuesto este libro no es una novela pero tampoco un estudio científico (…) sino algo a mi juicio más elocuente: un libro vivo donde la realidad castellana nos es expuesta por sus propios protagonistas, los más humildes vecinos de nuestros pueblos y aldeas.”

“…de los monólogos de estos supervivientes (…) pueden sacarse provechosas enseñanzas”.

Centrándonos en el capítulo I de Castilla habla, titulado La sequía, el vigor y la vida de lo rural castellano se hacen patentes casi en cada frase.

Delibes sitúa este capítulo en Tierra de Campos, en pleno corazón de Castilla. La dependencia del cielo en Castilla sigue siendo total, aún con los avances de la técnica: pozos, química, herboricidas… La tierra da más que daba. Una estación experimental de lluvia artificial en Villanubla iba a dar agua a capricho. Se perforó la tierra con créditos, que se piden y se gastan para seguir viviendo. Tractores no faltan. En Berrueces hay unos sesenta. Las cosechadoras las traen catalanes y valencianos. La sequía que cuenta el señor Pedro es como la del año cuarenta y pico, como para que no se queden en el pueblo ni las ovejas.

Al mes de mayo no se le podía pedir mucha más agua de la que cayó a mediados. El castellano echará mano del santoral, por el que mide, con frecuencia, los tiempos y, así, como le gustan los tropos y el 15 de mayo es San Isidro Labrador…

“A falta de nubes de más enjundia, el Santo Labrador ha hecho por Castilla lo que ha podido”.

Agua zaína, agua traidora, poco de fiar. La palabra es de origen árabe.

El agua entreverada con piedra, quiere decir, con granizo grueso, pedrisco. En Castilla los hombres del campo, cuando el granizo cae violento y de buen tamaño, hablan de pedrisco y de piedra, no de granizo.

“El agua de nublados es zaína. Entreverada con piedra lo mismo puede representar un alivio que la puntilla para estos campos sedientos”.

En estos pueblos los hombres serán tio Pedro, tio Hermógenes, difícilmente don Pedro, don Hermógenes. Un tratamiento, determinada categoría, entre uno y otro extremo, es el de señor, señor Pedro. Lo habitual y tenido por correcto y de buena ley, Pedro, Hermógenes, Melecio, Alpiniano… 

“El señor Pedro mira al cielo difidente, con una suerte de atónita resignación”.

Bardas, son de sarmientos, de otra leña, quizá de paja… No faltan entre corral y corral. Son parte del encanto del paisaje rural de los hermosos tiempos que pinta Miguel Delibes en el libro.

Arranarse, en Andalucía es apegarse al suelo y caerse de bruces; en Castilla, sentarse en cuclillas, que parece que es la postura que adoptan  las pardas casas de estos pueblos agachadas alrededor de sus ciclópeas y monumentales iglesias góticas, ¿casas o bandadas de gorriones prietos al suelo?

“Se desmoronan las bardas de adobe de un viejo corral y, tras ellas, el pueblo, arranado, se apiña en torno a la iglesia, un templo monumental, ciclópeo, del siglo XVI.”

 De nuevo el calendario religioso como referencia. A finales de junio es la fiesta de San Juan, el 24. En ese momento levanta la siembra, cuando debería estar a punto para empezar segarse, como quien levanta la tienda o levanta y recoge los manteles, o, mejor, en un cazador, como quien hace saltar la caza del sitio en que estaba…….

 “Bien, pues para San Juan Bautista hará el año que tuve que levantar la siembra sin coger tampoco una espiga”.

 La gloria de Castilla, que duda cabe que el castellano la tiene puesta en su cielo, unamuniano cielo que le enciende y le refresca, que es su amo absoluto. Del cielo depende. Ni técnicas ni químicas lo suplen. El castellano dice más de lo que a primeras pronuncian sus palabras.

 “(…) pese a los espectaculares avances de la técnica y de la química, la dependencia del cielo en Castilla sigue siendo absoluta”.

 Iguadas, de igualar. Es palabra arcaica. Miguel Delibes la ha debido oír a algún o algunos campesinos de aquellos lugares. Es más frecuente oírles hablar de fanegas, tierra que da unos 12 celemines de grano, más o menos unas 64 áreas.

Carga, de tres a cuatro fanegas.

 “En su época no se hablaba de hectáreas sino de iguadas que venían a ser cincuenta y seis áreas. Y, entonces, tres cargas eran una buena cosecha. Ya ve, seis sacos a ochenta y seis kilos que pesaba la media carga, eche cuentas”. 

 Se pasa el arado y echa a un lado la tierra, una hoja del arado. Se vuelve a pasar, con la hoja del arado vuelta a izquierda, si antes fue a derecha, y así es posible sembrar a dos hojas.

El barbecho no da nada, es barbecho, la tierra está en descanso por un año o dos.

El labrador es hiperbólico, le encanta exagerar. Arando a dos hojas se orea mejor la tierra.

 “Le voy a contar una cosa. Yo fui el primero en este pueblo en sembrar a dos hojas y cogía unas cosechas extraordinarias, pero de un tiempo a esta parte (…) tanto da el barbecho como las dos hojas , ni el abono ni el oreo son solución en estas tierras”.

 Miguel Delibes hace bailar en una pata a la gente de la Meseta, con que bailen solamente los labriegos de Villanubla.

 “La instalación (…) de una estación experimental de lluvia  artificial, a un paso de aquí, en Villanubla, hizo bailar en una pata a la gente sencilla de la Meseta”.

 Entre perder el dinero de un crédito y perder a la abuela, que por edad es inevitable, la distancia no es corta. A la hora de expresarse, el castellano del campo, la salta con bienhumorada facilidad.

 “(…) me quedé sin crédito, lo mismo que me quedé sin abuela”.

 La gente se convierte en personal, palabra con cierto empaque culto y abstracto, grandilocuente. Pertenece al lenguaje retórico del castellano rural.

Al labrador parece no importarle nada, si no es el seguir viviendo, pero, curioso, está a la que salta, que no dejará escapar. Se las ha de apañar para salir de la rueda en que se meta.

 “-¿Qué cómo vive el personal? Pues se lo voy a decir a usted, Aquí, en Campos, la gente vive artificial, a la que salta. O sea, coge un crédito y lo gasta, pide otro más largo para pagarlo y seguir viviendo, y así”.

 El no ser menos que el vecino tiene mucho peso, específico, en su comportamiento. Le llevará a empeñarse hasta los ojos, aunque quizá no sea. Y la cosa es general, del pueblo entero, cada labrador.

“Pues tenga usted por seguro que el pueblo está empeñado hasta los ojos.

Tractores sí, de eso no falta. Aquí, en Barrueces, puede haber unos sesenta, más que vecinos,  que, por regla general, cada labrador tiene dos. ¿Qué par qué? Pues muy sencillo, porque si los tiene Fulano, los tengo yo (…)”.

 Las cosechadoras llegan a Castilla en verano de Cataluña, aún hoy, en el 2007. Miguel Delibes dice que también llegan de Valencia. A la falta de dineros, hay que añadir cierta desidia del labriego y determinada carencia de ambición, además de la desconfianza que en él es mala hierba que crece sin que la siembre.

 Por de pronto, somos más dejados”.

 El vigor y la vida de la Castilla rural aparecen en Castilla habla con el realismo que les corresponde. Miguel Delibes no ha tenido que añadir nada. Tampoco le ha hecho falta fantasear. Simplemente ha observado a sus gentes y su paisaje y ha vuelto a casa a escribir todas esas experiencias que conforman el devenir existencial del campo castellano.

 Edición utilizada para Castilla habla: Destino, Barcelona, 1986.