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40 años de “Aventuras, venturas y desventuras…” en revcyl.com

Se nos va acabando el año y no podíamos terminarlo sin acordarnos del aniversario de Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo. ¡¡40 años!! Algo más de lo que duraron los tiempos de Franco (el señor ese de los pantanos, la Seguridad Social, el INI, la 9ª potencia del mundo) y algo menos que el actual sistema político. Aquí está mi último artículo sobre este libro de caza, autobiográfico, en el que Delibes nos cuenta sus cazatas entre 1971 y 1974:

http://www.revcyl.com/web/index.php/colaboradores/item/10059-a-40-anos-de-aventuras-venturas-y-desventuras-de-un-cazador-a-rabo

“He dicho: una mirada al pasado”, 20 años de la novela.

Este año también se celebra el 20º aniversario de “He dicho”, la obra de Delibes. Aquí está mi artículo que acaban de publicar en revcyl.com: http://revcyl.com/www/index.php/colaboradores/item/7769-he-dicho-una-mirada-al-pasado

Artículo sobre coloquio en Simancas

http://www.revcyl.com/www/index.php/colaboradores/itemlist/category/56-jorge-urdiales

Os dejo el enlace de mi último artículo. Resume el coloquio que tuvimos el pasado 30 de mayo en Simancas entre Elisa Delibes, José Antonio Quirce y yo.

“Delibes, caricaturista”, en revcyl.com

“Delibes, caricaturista”, en http://www.revcyl.com/www/index.php/colaboradores/item/5557-delibes-caricaturista, marzo 2015

Delibes, caricaturista

No sé cuántas aristas pudo tener este hombre. Lo cierto es que Delibes fue en su vida muchísimas cosas: escritor, periodista, padre de familia, cazador, pescador, marinero en la guerra y… también caricaturista.

“Las tierras que pisó Delibes”, artículo en revcyl.com 25/01/15

http://www.revcyl.com/www/index.php/colaboradores/item/5305-las-tierras-que-pis%C3%B3-delibes

 

Las tierras que pisó Delibes

Si mañana nos diera por preguntar en la calle de Santiago de Valladolid cuáles fueron los pueblos y tierras que frecuentó Delibes, seguramente los viandantes nos responderían con acierto. Sus paisanos conocen bien las andanzas del escritor. Algunos lo vieron pasear por el Campo Grande. Otros cazaron con él por los pueblos de la provincia, por Castilla…

Hace unos años me metí a fondo, por temas universitarios, en el lenguaje rural de Delibes. Y para dar con el significado de estas palabras que no recoge el Diccionario de la RAE, volví a la lectura de sus libros. Tenía que encontrar las localidades que nombraba en sus novelas para hacerme una idea exacta de cuáles fueron los pueblos en los que él pudo escuchar estas voces. En la narrativa delibesiana se iban repitiendo una y otra vez pueblos como Villafuerte de Esgueva, La Mudarra, Boecillo… Llegué a conformar un mapa de pueblos de Delibes que comprende dos zonas esenciales: la que discurre desde Peñafiel hasta Valladolid a través de los ríos Duero y Esgueva (más el arroyo Jaramiel); y la que parte de Tordesillas y muere en Medina de Rioseco, entre la carretera de La Coruña y la N-601.

Las primeras tierras que pisó Delibes estaban a pocos kilómetros de Valladolid: La Mudarra, La Sinova, siempre de la mano de su padre. Allí descubre sus primeras patirrojas haciendo “brrrrrrrrrr” en esos vuelos cortos que sorprenden al niño Delibes. Se le cruzan los conejos y las liebres, que entonces había en abundancia. La primera perdiz la caza el joven Delibes en La Sinova, caserío del término de Villavaquerín. Y en el mismo sitio cazará su primera aguanieves.

Con los años irá frecuentando otros cotos, como el de Villafuerte cuando todavía casi todo el monte era libre. De la parte del páramo que lleva a Peñafiel y de la parte del páramo que da al Valle del Cerrato. Los mayores de Villafuerte recuerdan que comía en la cantina de la señora Elisea, que estaba enfrente del baile.

Alguien escribirá un día un libro titulado “Delibes, coto a coto”, en el que tendrá que nombrar el de Villanueva de Duero, el burgalés de Santa María del Páramo o los más lejanos de Las Gordillas en Ávila, Almedina en Ciudad Real o el de Quero, en Toledo.

Miguel Delibes se parece a una piedra que cae sobre un estanque. Las primeras ondas son más intensas, levantan más agua. Las siguientes van diluyéndose y se hacen más suaves. Las últimas apenas se perciben. Así le sucedió al escritor a partir de su Valladolid natal. Alrededor de la capital pescó cangrejos con su padre en Renedo de Esgueva, cazó en Villanubla, San Miguel del Pino, Simancas, Boecillo. A media hora aproximada de su casa, se pateó La Sinova, Quintanilla de Onésimo, La Mudarra, Vega de Valdetronco, Bercero, Castromonte, La Santa Espina, Esguevillas de Esgueva… Si añadimos kilómetros al contador y nos alejamos de Valladolid, van escaseando los pueblos que puedo nombrar. En Burgos su Sedano estival y vacacional, Santa María del Páramo. En Palencia el Pisuerga a la altura de Mave para pescar truchas con su hijo Juan. Las aguas del río Omaña en León de la mano de Paulino, el guarda. Cotos en Ávila, humedales en Toledo… Podría nombrar otros lugares, otros muchos, en los que Delibes disfrutó del campo (Béjar en Salamanca, Peñafiel en Valladolid, la sierra de Jaén). Contenido en su expresión y sus manifestaciones públicas, Delibes gozó de los pueblos castellanos casi domingo tras domingo sin pausa.

Las tierras de Delibes son anchas, principalmente de Castilla, básicamente de Valladolid. La caza y la pesca eran, en último término, una excusa para salir al campo. Así lo dejó escrito Delibes: “Los hombres de mi pasta necesitamos refugiarnos en el monte o en el río al menos una vez por semana para conservar, eso que llaman, equilibrio vital. Cazar o no cazar, pescar o no pescar, es ya otro asunto. Lo que uno precisa no son tanto perdices o truchas como el sol y el aire puro, en una palabra, respirar”.

Jorge Urdiales Yuste