
Un
modo de ser y unos modos de hablar se están perdiendo en Castilla
La
Castilla rural que nos muestra Miguel Delibes en sus novelas tiende a
desaparecer. Sus personajes han dejado de existir o ya son muy mayores.
Los aperos de labranza empleados durante siglos han dado paso a tractores
y cosechadoras con aire acondicionado en verano y calefacción en
invierno. Los usos y costumbres de las gentes del campo han cambiado radicalmente
en los últimos cincuenta años y, con ellos, su modo de hablar.
El léxico rural que era popular, se va perdiendo a favor de otro
tipo de lenguaje más global, menos apegado a la tierra y claramente
influido por los medios de comunicación.
Cuando
Delibes escribió El camino en 1950, en la Castilla de entonces
se enjaretaba a los machos para la fiesta, se pescaban cangrejos de río
con araña o retel y se cogían lecherines para los conejos.
Más de medio siglo después los hombres y mujeres de la Castilla
rural usan muchas veces el coche cuando van a la ermita de su pueblo,
el cangrejo americano ha hecho desaparecer al español a fuerza
de repoblación y a los conejos se les da pienso compuesto ya preparado.
¿Ha
acertado Miguel Delibes a pintar Castilla en este medio siglo de su novelística?A
la Castilla rural sí. También a la urbana. Ha reflejado
perfectamente los modos de hablar, de hacer y de ser de los castellanos.
Delibes sabía, y así nos lo dejó escrito en Un
mundo que agoniza, que al hombre se le estaba arrebatando la pureza
del agua y del aire pero también que se le estaba amputando el
lenguaje.
Lo
que Miguel Delibes refleja en sus novelas es todo un discurso popular-rural
que ha venido latiendo en Castilla durante
los últimos siglos. Discurso que no sólo abarca los términos
empleados por sus hablantes, sino también las expresiones y el
carácter castellano a través de los personajes de sus novelas.
La
narrativa de Miguel Delibes se nutre también de otros discursos
como el de términos marineros o el de palabras de origen hispanoamericano
o francés.
Los
términos marineros, que son ochenta y seis, aparecen sobre todo
en La partida y Madera de héroe y son muy conocidos por
el autor desde 1938 cuando se enroló como voluntario en el crucero
Canarias durante la guerra civil.
El
número de palabras que Delibes recoge de Hispanoamérica
es de cuarenta y seis. Las tuvo que escuchar durante los viajes que realizó
por aquellas tierras. Muchas de ellas aparecen en Diario de un emigrante.
Otras quedarán grabadas para siempre en el vocabulario del escritor
y las empleará habitualmente en sus novelas.
Por
último, he comprobado que Delibes emplea algunas palabras francesas
como si fueran españolas y ello se debe, como el mismo Delibes
me comentó, a la ascendencia francesa de su familia (1).
Ahora
bien, estos otros discursos tienen menor importancia en sus libros y no
cabe duda de que el discurso popular-rural castellano es el central de
su novelística.
Además
del léxico popular-rural, Delibes nos enriquece y deleita en las
páginas de sus libros con más de mil refranes, dichos, expresiones,
sentencias, locuciones y comparaciones (2).
Y finalmente, también se perciben las esencias de lo popular-rural
en muchos de los personajes que Delibes presenta en sus novelas. Son seres
únicos, irrepetibles, pero también tipos que se dieron con
frecuencia en la Castilla rural. Chicos como Daniel el Mochuelo han existido
en todos los pueblos de Castilla y León y al tío Ratero
o al señor Cayo no ha sido difícil encontrarlos en Tierra
de Campos, el valle del Esgueva o en Pancorbo.
La
ruralidad de Miguel Delibes en un diccionario
Existen
varios estudios sobre Miguel Delibes que abarcan algún aspecto
concreto de la obra del autor, como pueden ser la caza, el estilo, Miguel
Delibes como autor católico, etc. Pero, evidentemente, no han podido
estudiar los libros que Delibes ha publicado con posterioridad a sus trabajos.
Por tanto, ninguno de los estudios realizados sobre Delibes llega a abarcar
toda su obra.
Es de desear que
Miguel Delibes nos sorprenda con una nueva novela. Si, desgraciadamente
para las Letras y los lectores de Miguel Delibes, no surgiera otro libro
de la pluma del escritor vallisoletano, el presente diccionario sería
completo al haber trabajado desde el punto de vista popular-rural toda
su narrativa.
La riqueza de términos
de tipo popular-rural en las novelas de Miguel Delibes es evidente. Delibes
ha conseguido recoger las voces y expresiones que ha ido escuchando durante
décadas por pueblos como Villafuerte, Castrillo Tejeriego, Quintanilla
de Onésimo, Peñafiel, etc.
Es interesante saber
cuáles son los pueblos más frecuentados por Delibes, es
decir, en qué pueblos ha oído y recogido más palabras
y expresiones rurales para después incluirlas en sus novelas. De
esta manera sabremos el origen de todo este discurso popular-rural que
Delibes emplea con tanta naturalidad.
Rastreando página
a página las novelas de Delibes, me he encontrado con mil cuatrocientos
sesenta y nueve términos, específicamente populares-rurales,
que forman parte de su discurso narrativo. La mayoría de ellos
(mil cuarenta) aparece con su significado preciso en el Diccionario de
la Academia de la Lengua. Pero hay trescientos veintinueve que no.
Términos
populares-rurales |
Aparecen
en el DRAE |
No
aparecen en el DRAE |
1.469 |
1.040 |
329 |
Al
clasificar estas palabras en los distintos aspectos que conforman lo popular-rural
he comprobado, por ejemplo, que Delibes es más aficionado a la
caza que a la pesca. De caza se encuentran en sus novelas ciento veintidós
términos. De pesca sólo treinta y nueve. Y es que, frente
a la conocida frase que dice que Delibes es un cazador que escribe, nadie
ha pensado nunca en sustituir la palabra “cazador” por “pescador”.
¡Cuántas veces se ha visto retratado a Delibes como cazador!
En qué pocas fotos aparece pescando.
Al estudiar las
palabras relacionadas con la caza se comprueba que Delibes es hombre de
caza menor: la perdiz, la liebre y el conejo son los animales más
nombrados. Leyendo sus novelas, el lector sabrá dónde, cómo
y qué se caza o qué es lo que tiene que llevar un cazador
en cualquier jornada de campo.
Delibes conoce perfectamente
el modo de actuar de estos animales y cuenta que mientras la perdiz “apeona”
antes de echar a volar, la liebre se “amona” en la cama y
el conejo “embarda” en el vivar.
Abunda la caza en
libros como Diario de un cazador, El libro de la caza menor
o Con la escopeta al hombro.
Las referencias
a la pesca en la narrativa de Delibes son menores que las de la caza.
Centra sus comentarios en dos animales: la trucha y el cangrejo. Delibes
llevaba “mosco”, “plumas de lomo” y “tasajo”
entre otros utensilios y su conocimiento de este deporte le hace diferenciar
en sus novelas entre aguas corrientes de los ríos (cachón,
cadozo, ejarbe, escorrentía…) y aguas estancadas (represa,
restaño, estiaje, lavajo…).
Para el cangrejo
todo es más sencillo, no hacen falta licencias. Basta con una “araña”
o un “retel” y un poco de habilidad. Delibes tiene escrito
un libro sobre pesca que resulta muy curioso desde su mismo título:
Mis amigas las truchas.
El Delibes pescador
y cazador se ha encontrado con multitud de plantas y animales en sus salidas
al campo. Al tomar sólo las plantas más claramente rurales,
desechando las que conoce todo el mundo, he llegado a anotar noventa y
dos a lo largo de su narrativa. De ellas hay diecinueve árboles,
algunos empleados tanto en masculino como en femenino (olmo-olma,
chopo-chopa, nogal-nogala).
También son
constantes las alusiones a conjuntos de plantas, que Delibes maneja con
asiduidad: mimbreral, cerviguera, rastrojera, piornal…
Las tierras mesetarias, las de páramo y cielo infinito son las
más frecuentadas por Delibes. Así, se citan en sus novelas
sesenta y siete arbustos distintos, que es la planta más habitual
en esas zonas.
En cuanto a los
animales tuve que subdividir la clasificación en dos: aves (que
suman noventa y una) y el resto de animales que llegan a cincuenta y tres.
Así comprobé que el amor y conocimiento de Delibes hacia
los pájaros se ve reflejado en sus novelas. Conocidos son sus intentos,
con suerte dispar, de introducir en el Diccionario de la Academia Española
algunos nombres de pajaritos. Los hay incluso con denominación
propiamente rural como el “engañapastor” que, por el
tono gris de su plumaje, se dice que engaña a los pastores cuando
vuela cerca de los rebaños en la hora crepuscular.
Prescindiendo de
las aves, hay que destacar el rigor con el que Delibes refleja lo que
fueron las ratas de agua para muchas familias castellanas. Es inolvidable
la frase en la que el tío Ratero cuenta el placer que le produce
comerse un par de ratas fritas con un chorro de vinagre, pan y un vaso
de clarete.
El otro animal nombrado
con frecuencia por Delibes, además de los mencionados en la caza,
es la abeja. El señor Cayo explica lo que es un “humeón”
y, en Castilla habla explica el modo de vida de estos animales.
Todo tiene su nombre preciso, hasta la piedra o teja que sobresale de
la “hornillera” en la que las abejas hacen el “dujo”
y que sirve para que entren en él con mayor facilidad.
Los animales cobran
protagonismo en libros como Las ratas con la perra Fa o en Los
santos inocentes y la milana de Azarías. Otros nos lo dicen
todo en el título: Las perdices del domingo o Tres pájaros
de cuenta.
La última
división que he realizado de este léxico popular-rural se
refiere a los aperos de labranza y las faenas del campo. Nombra Delibes
ciento trece términos de objetos y modos de trabajar el campo que
conoció (casi todos) en su infancia y juventud antes de que llegara
la maquinaria agrícola. Desde el pan lechuguino que se llevaban
los labradores al campo hasta los distintos nombres de las tierras: alfalfar,
barbecho, bacillar, majuelo…
Es muy curioso observar
la cantidad de verbos que empiezan con el prefijo des- y que hacen alusión
a las faenas del campo. A una planta se la puede “descepar”,
“desarraigar” o “desmochar”. A una tierra se la
“desbroza” o “despedrega”.
Hay muchos términos
referidos a las labores agrícolas que son citados por Delibes y
que hoy la gente ya no conoce. Se dan casos como el del trillo, que ha
pasado de ser uno de los aperos más comunes por estos pueblos a
mueble decorativo en salones y bodegas, ya sean del campo o de la ciudad.
Delibes nombra con precisión al trillo pero también a las
piedrecitas que se incrustan en su base de madera y que se llaman “pernalas”,
“chistas” o “chinas”. En la actualidad este apero
sigue existiendo aunque sea como pieza decorativa, pero la denominación
popular-rural de las piedrecitas que se incrustan en él se ha perdido.
Me he encontrado
en algunas ocasiones con términos que son empleados por Delibes
de un modo muy particular. El verbo “carear” significa “pacer
o pastar el ganado cuando va de camino” y, sin embargo, Delibes
lo emplea para un muchacho del que dice que tiene los remolones de la
cabeza careados.
Sobre la gente del
campo castellano siempre se cierne la preocupación de la meteorología.
Dice Delibes que el cielo es tan alto en Castilla porque los labradores
lo han levantado de tanto mirarlo. Y llega a nombrar en sus novelas veintiocho
accidentes meteorológicos. Por ejemplo, compruebo que cita Delibes
distintos tipos de lluvia fina como el “calabobos”, las “aguarradillas”
de abril o las “asperezas”. Las nubes pueden ser “nublados”
que traigan “piedra”. El sol quizá se quede en “resolillo”
o llegue a “solisombra” y el cielo un día estará
“entoldado” y otro “enrasará”.
En el cuadro que
aparece a continuación he incluido los términos que nombra
Delibes de cada uno de los aspectos que conforman su léxico popular-rural.
| Términos
populares-rurales |
Total
1.469 |
| Caza |
122 |
| Pesca
|
39 |
| Plantas
|
92
(árboles 19, flores 6, arbustos 67) |
| Animales
|
144
(pájaros 91, otros animales 53) |
| Accidentes
meteorológicos |
28 |
| Religión
|
14 |
| Medidas
de capacidad y longitud |
8 |
| Elevaciones
del terreno |
28 |
| Lugares
del campo |
114 |
| Aperos
y faenas del campo |
113 |
| Caballerías
|
28 |
Términos
al margen de la Academia: cómo se gestó su catálogo
La
lectura de las novelas de Miguel Delibes, libro a libro, página
a página, tropieza con trescientas veintinueve voces que no están
recogidas por el Diccionario de la Academia de la Lengua. Son las voces
que presento en este volumen con la categoría de términos
populares-rurales empleados por Delibes y no recogidos por el DRAE. Todas
las palabras, como explicaré a su debido tiempo, se muestran con
su significado preciso. Y para dar con la acepción que les corresponde,
pensé que sería interesante saber dónde las había
oído Delibes.
Rastreando la narrativa
de Delibes, se puede dibujar un mapa en el que aparezcan los pueblos en
los que ha estado el autor. Delibes los cita y expresa el propósito
de su viaje. Habitualmente se acercaba a estos pueblos para cazar. En
otras ocasiones, para pescar en sus ríos o simplemente para pasar
unas horas en el campo.
Aunque ocasionalmente
aparecen también otros pueblos de la provincia de Valladolid o
de otras provincias de Castilla y León, la mayoría de ellos
conforman una zona compacta: la del valle del Esgueva y la del valle del
Duero (en la zona en que corre pareja al del Esgueva, a partir de Peñafiel).
A todos estos pueblos sólo habría que añadir el de
Villanueva de Duero, también muy frecuentado por Delibes (cazó
muchas veces en la finca de los Araoz), que se sitúa al oeste de
Valladolid.
Llegado
a este punto, empecé a recorrer con mi mujer estos pueblos en busca
de los términos desconocidos. Ella, al ordenador tomando nota de
lo que decían los informantes, y yo, preguntándoles por
las palabras de Delibes. Habitualmente buscábamos a gente mayor,
más conocedora de estos términos rurales. Recorrimos los
pueblos, deteniéndonos en casas particulares y en las residencias
de la tercera edad de Tudela de Duero, Quintanilla de Onésimo y
Peñafiel. Primeramente, debíamos vencer la reticencia natural
castellana, para después preguntar por las palabras. Comprobamos
que, en general, los términos eran conocidos por los informantes,
pero no dábamos un significado por bueno hasta que no había
sido contrastado al menos por una decena de personas.
Yo les nombraba
el término con su contexto pero sin darles el significado que quizá
ya había recogido de otras personas. Observé que el ofrecerles
un posible significado de la palabra condicionaba su respuesta.
Tuvimos que acudir
a los mismos informantes en varias ocasiones, pues preguntar por el significado
de trescientas veintinueve palabras de una vez no parecía conveniente.
Lo habitual fue consultar unas veinte-treinta palabras por sesión.
De entre las más
de cincuenta personas entrevistadas destacaron dos de ellas por su sabiduría
y facilidad en la explicación: Terencio, de ochenta y siete años,
natural de Sanllorente y grandísimo conocedor del mundo de las
abejas y Fernando, de sesenta y dos años, que nació y vive
en Valbuena de Duero.
Después de
muchos viajes por la zona, di por concluida la investigación. Contaba
con trescientos un significados claros y precisos. Pero todavía
me quedaban veintiocho términos desconocidos por los informantes
o, a lo sumo, con unas definiciones vagas e imprecisas.
De las trescientas
una palabras encontradas, algunas fueron realmente complicadas para los
informantes. Para términos como “piedralipe” tuve que
preguntar a más de treinta lugareños hasta encontrar a alguien
que supiera su significado.
Abdón, un
vecino de Castrillo Tejeriego, fue el que recordó que la piedralipe
era un sulfato que se preparaba en los corrales de las casas para luego
echarlo a los campos de cereal. Era un término olvidado ya, pues
hace más de cuarenta años que este sulfato venía
mezclándose desde los silos para su uso en el campo.
Volví finalmente
a casa con la mayoría de los términos bien definidos, trescientos
uno, pero todavía contaba con veintiocho términos por descubrir.
Decidí entonces
escribir al propio Miguel Delibes preguntándole por los términos
que me faltaban. Y todo resultó muy sencillo. En cada carta le
enviaba a don Miguel 6 u 8 palabras con la referencia del libro en el
que aparecían y, antes de quince días, me encontraba con
su respuesta en mi buzón. Cada una de las veintiocho palabras que
le consulté tuvo su respuesta precisa. Todas ellas de su puño
y letra, acabando siempre con un saludo afectuoso. (3)
La investigación
de campo se ha basado en los pueblos citados por Delibes dentro de esa
zona compacta mencionada más arriba (además de Villanueva
de Duero, algo más alejado): así, me entrevisté con
gentes de los pueblos del valle del Esgueva, de los pueblos que se encuentran
entre ambos valles (Castrillo Tejeriego y Villavaquerín) y de los
pueblos del valle del Duero. En líneas generales, conocían
los términos y les dieron un significado preciso.
Después de
muchas entrevistas, quise mejorar los significados de las palabras relacionadas
con la pesca y decidí buscar nuevos informantes en dos zonas en
las que Delibes practicó este deporte: el Pisuerga a la altura
de Mave y el Omaña a su paso por Magdalena. En Mave pude precisar
algunos términos y en Magdalena me entrevisté personalmente
con Paulino (guarda del Omaña que pescó con Delibes en varias
ocasiones y al que dedica un capítulo de Mis amigas las truchas
llamado: “Paulino, el del Omaña”).
En el mapa número
1 se observa que los pueblos citados con más frecuencia por Delibes
abarcan una zona homogénea del Este y Sur de Valladolid.
En el mapa número
2 he resaltado los pueblos en los que se produjo la investigación.
Mapa
1
Mapa
2
|
PUEBLOS
MENCIONADOS CON FRECUENCIA EN LA NARRATIVA DE MIGUEL DELIBES
Valle
del Esgueva
Delibes
pescó sus primeros cangrejos en el río Esgueva a la altura
de Esguevillas. En los tiempos mozos del escritor esta variedad de cangrejo
español se daba en abundancia. Sobraban cangrejos para los del
pueblo y para los que venían desde Valladolid, como Delibes.
Este
valle también le ha dado muchas alegrías cinegéticas.
Con su padre, su hermano Manolo o con amigos, Delibes ha cobrado abundantes
perchas en los páramos de Renedo, Esguevillas o Villafuerte.
• “La pesca del cangrejo era un recurso que mi padre aprovechaba
para sacarnos a tomar el aire en primavera. Mientras permanecíamos
en Valladolid, solíamos ir a la Esgueva, bien
a Renedo o, valle arriba, hasta Esguevillas
o cualquier otro pueblo intermedio. La Esgueva fue un
río pródigo en cangrejo de pata blanca (un crustáceo
verdoso, no exageradamente grande ni de pinza muy desarrollada, pero sabroso).
Lo malo de la Esgueva, como de casi todos los ríos
y arroyos de llanura, era que sus aguas bajaban turbias a causa de la
erosión y entre esto y que la pesca del cangrejo era crepuscular,
tirando a nocturna, no se veía lo que se pescaba hasta que el retel
afloraba y uno le alumbraba con la linterna. Este defecto lo soslayé
años después, cuando ya de adulto, me dediqué al
cangrejo en los ríos Moradillo y Rudrón, en Burgos, de aguas
cristalinas y oxigenadas, con lo que la pesca de este crustáceo
dejó de ser una actividad ciega.” (VAL pp. 127-128)
•
(21 de octubre de 1971)
Requeridos por el solillo de estos días, mi hermano Manolo y yo
nos fuimos a dar una vuelta por las cuestas de Villafuerte de
Esgueva. (AVD p. 17)
Entre
el Esgueva y el Duero
Entre
un valle y otro se encuentran Castrillo Tejeriego, La Sinoba, Villavaquerín
y Villabáñez. A todos ellos les baña el arroyo Jaramiel.
Desde Valladolid se llega con facilidad por Renedo, Tudela o Quintanilla
de Onésimo. También fue el Jaramiel muy pródigo en
cangrejos y sus páramos y barcos siempre han contado con magnífica
caza menor.
El valle del Jaramiel
es bien conocido por Delibes. El contacto con sus gentes en días
de caza y pesca le ha permitido conocer muchos de los términos
rurales que aparecen en este diccionario.
• Fuimos Melecio y yo en la furgoneta del pescado hasta lo de
la Sinoba. La carretera está llena de agujeros
y el trasto botaba con ganas. (D1C p. 98)
Valle
del Duero
Llegar
hasta el valle del Duero desde Valladolid es muy sencillo y rápido.
Más al Este o más al Sur, Miguel Delibes ha frecuentado
estos pueblos desde que era un niño.
Pasó dos
veranos de su infancia en Quintanilla de Onésimo. Era la primera
vez que tenía escopeta. Su familia había alquilado una casa
cerca del río, a la altura del antiguo molino. En uno de aquellos
veranos, Delibes gastó más de dos mil perdigones disparando
a los vencejos que llegaban al corral de la casa. Sólo uno de ellos
logró alcanzar su objetivo.
•
Yo mismo cacé perdices con poco éxito en estos términos
y en el de Villanueva de Duero hace más o menos
veinticinco años. (EUC p. 224)
• A estos efectos, yo recuerdo mis excursiones infantiles, de morralero
con mi padre, en las heredades recién segadas de Quintanilla
de Abajo, Olivares y Sardón de Duero. (LCE pp. 75-76)
Estructura de los términos
El
léxico de carácter popular-rural extraído de las
novelas y cuentos de Miguel Delibes aparece en este libro de la siguiente
manera:
Abecedario en el
que se incluyen todas las palabras que no recoge el DRAE: porque efectivamente
no aparecen en el DRAE; porque su acepción es otra; por considerar
que la investigación de campo puede ampliar o mejorar el significado
del DRAE.
He recogido el léxico
popular-rural de todas las novelas de Delibes a excepción de El
hereje por tratarse de una novela histórica.
Los libros de Delibes
no aparecen con el título entero sino mediante siglas. Estas siglas,
que se encuentran al final de esta introducción, se usan con el
mismo criterio en todo el diccionario.
Muchos de estos
términos aparecen repetidos en un mismo libro. Cuento con su página
y su contexto pero no los incluyo en el diccionario porque no aportan
nada sustancial. Simplemente añado la palabra passim para
indicar que en ese libro hay más ejemplos del término en
cuestión.
El esquema seguido
para cada voz es muy parecido en casi todos los casos:
# Primero la palabra –Ardivieja- y después el libro
y su página –EUC p. 145-
Ardivieja
EUC p. 145
#
En ocasiones conviene citar todos los contextos que recogen el término
en cuestión en un mismo libro porque, en tales casos, sí
que pueden aportar luz a su significado.
Repullarse
AVD p. 12
(...) el uno, achuchado en los altos, trató de salvar la mano repullado
(...)
AVD p. 19
Las patirrojas, en general, bien derribadas, repulladas
o sirgadas, pero distantes y en velocidades normales de crucero.
AVD p. 23
Después la cosa empieza a complicarse con las repulladas
(...)
LPD p. 62
Eché una carrera y le volé, pero el indino, en contra de
toda lógica, en lugar de repullarse sobre las
copas, voló sorteando los troncos,
LPD p. 81
(...)
le repulló otro, galleando,
LSI p. 95
(...) al pájaro aquel de la primera batida , en el canchal, el
que se repulló a las nubes,
# Si la palabra aparece en el diccionario, no se elimina ninguno de los
significados que recoge el DRAE ni ninguna de sus abreviaturas o símbolos.
# Cuando procede, aparecen los significados que aportan diversos diccionarios.
Engañapastor
D1C p. 59
Melecio, a última hora, derribó un engañapastor
porque se aburría.
Engañapastores: Chotacabras (Diccionario Ilustrado
de la Lengua Española)
Engañapastor: n.m. Ave trepadora de pico pequeño
y corvo, con varias cerdillas alrededor, de plumaje gris con manchas y
rayas negras. Se alimenta de insectos que caza al vuelo y busca en los
rediles al anochecer. Sinónimos: chotacabras, capacho. (Diccionario
del Castellano Tradicional)
Engañapastor: Pájaro que sale en el crepúsculo
y come los insectos que van detrás de cada rebaño. Entre
algunos pastores es conocida la leyenda de que este animal se bebía
la leche de las ovejas. Es sinónimo de chotacabras. Suele asustar
a la gente porque no hace ruido cuando pasa. (Investigación
de campo)
D1E p. 22
Cerca ya de casa, un engañapastor le partió
un faro.
# A continuación (en algunas ocasiones) aparece el significado
que de la palabra me ha dado Miguel Delibes en diversas cartas manuscritas
que conservo.
Monda
AVD p. 187
Monda: El claro y la calva del monte. (Miguel Delibes,
1 de octubre de 2003)
# Y, finalmente, la investigación de campo.
Papujado
CH p. 143
(...) antes de llegar a Cogeces -cuyo cementerio tiene los cipreses
más papujados que haya visto el cronista- (...)
papujado, da.
1. adj. Dicho de las aves, especialmente de las gallinas:
Que tienen mucha pluma y carne en el papo.
2. adj. Abultado, elevado o sobresaliente y hueco.
Papujo: adj. Persona que tiene bocio. (Diccionario
del Castellano Tradicional)
Papujado: Abierto, nada compacto. Se dice que un puré
está papujado cuando está demasiado líquido. Y de
una persona cuando tiene papada. En este caso habla de unos cipreses que
en la actualidad no existen. Los cipreses el cementerio de Cogeces del
Monte se secaron y hubo que quitarlos. (Investigación de campo)
Ejemplo
completo:
Aborrascarse
LSI p. 107
(...) y, en la mesa, todos a reír indulgentemente, paternalmente,
menos René, a quien se le había aborrascado
la mirada, y no dijo esta boca es mía,
aborrascarse.
1. prnl. Dicho del tiempo: Ponerse borrascoso.
borrasca. (Del lat. borras por boreas, viento norte).
4. Riesgo, peligro o contradicción que se padece
en algún negocio.
Aborrascarse: Ponerse tempestuoso el tiempo. (Diccionario
de Uso del Español)
Aborrascarse: r. Ponerse el tiempo borrascoso. met. Alterarse,
conmoverse con violencia. fam. Embriagarse. (Diccionario General de
la Lengua Castellana)
Aborrascado: p.p. de Aborrascarse. Adj. Azaroso, peligroso.
(Diccionario Ilustrado de la Lengua Española)
Aborrascarse: v.pron. Ponerse borrascoso el tiempo. (Diccionario
del Castellano Tradicional)
Aborrascado: Lo mismo que en el amplísimo horizonte
castellano el contraste entre un día apacible y otro tormentoso
es muy notable, el semblante y la mirada de una persona tranquila se altera
más o menos ante una situación nueva de dolor o alegría.
La borrasca, en el lenguaje popular es aún mayor y sobre todo dura
más que la tormenta. Aborrascarse la mirada es
por ello muy particularmente expresivo por su propio significado de experiencia
vivida y expresada en el contacto con una naturaleza excesiva y cambiante.
Por otra parte, esta expresión, aborrascarse la mirada,
se relaciona directamente con otra, también muy popular:
la mirada es el espejo del alma. Pues si el ánimo o el
alma está serena la mirada será benigna y apacible, pero
si el ánimo está muy alterado ¿qué tiene de
extraño que se “aborrasque la mirada”?
(Investigación de campo)
Con este ordenamiento
y fijación del léxico rural de las novelas de Miguel Delibes
se llama la atención sobre un lenguaje popular-rural que está
en trance de desaparecer, lo cual supondrá un empobrecimiento general
de la lengua española.
Este glosario está
salvando esa rica porción del castellano que se produjo en una
etapa lingüísticamente muy rica de Castilla y, por tanto,
quiere encender una luz que preserve del olvido lo que fue aquel modo
de vida rural que aún puede servir de ejemplo a los lectores de
Miguel Delibes.
SIGLAS
EMPLEADAS PARA CITAR LAS OBRAS DE MIGUEL DELIBES
| LSCA
|
La
sombra del ciprés es alargada |
| AEDD
|
Aún
es de día |
| EC
|
El
camino |
| MIHS
|
Mi
idolatrado hijo Sisí |
| LP
|
La
partida |
| D1C
|
Diario
de un cazador |
| SVS
|
Siestas
con viento sur |
| D1E
|
Diario
de un emigrante |
| LHR
|
La
hoja roja |
| PEM
|
Por
esos mundos |
| LCE
|
La
caza en España |
| LR
|
Las
ratas |
| EPF
|
Europa:
parada y fonda |
| ELCM
|
El
libro de la caza menor |
| VHCV
|
Viejas
historias de Castilla la Vieja |
| 5HM
|
Cinco
horas con Mario |
| USA
|
USA
y yo |
| PP
|
La
primavera de Praga |
| VAD
|
Vivir
al día |
| PN
|
Parábola
de náufrago |
| CEH
|
Con
la escopeta al hombro |
| LM
|
La
mortaja |
| UAMV
|
Un
año de mi vida |
| EPD
|
El
príncipe destronado |
| LGNA
|
Las
guerras de nuestros antepasados |
| AVD
|
Aventuras,
venturas y desventuras de un cazador a rabo |
| MAT
|
Mis
amigas las truchas |
| DVSC
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El
disputado voto del señor Cayo |
| UMA
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Un
mundo que agoniza |
| LPD
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Las
perdices del domingo |
| LSI
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Los
Santos Inocentes |
| 3PC
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3
pájaros de cuenta |
2VA
|
Dos
viajes en automóvil: Suecia y Países Bajos |
| EOF
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El
otro fútbol |
| CASV
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Cartas
de amor de un sexagenario voluptuoso |
| ET
|
El
tesoro |
| CA40
|
La
censura en los años 40 |
| CH
|
Castilla
habla |
| 377
|
Madera
de héroe |
| VAL
|
Mi
vida al aire libre |
| PH
|
Pegar
la hebra |
| SRFG
|
Señora
de rojo sobre fondo gris |
| EUC
|
El
último coto |
| D1J
|
Diario
de un jubilado |
| HD
|
He
dicho |
EDICIONES
UTILIZADAS
Año 1ª
edición Edición
empleada
| 1948
|
La
sombra del ciprés es alargada |
Destino |
Barcelona
|
1997 |
| 1949
|
Aún
es de día |
Destino
|
Barcelona
|
1994 |
| 1950
|
El
camino |
Destino
|
Barcelona
|
1998 |
| 1953
|
Mi
idolatrado hijo Sisí |
Destino
|
Barcelona
|
2002 |
| 1954
|
La
partida |
Alianza
Editorial |
Madrid
|
1984 |
| 1955
|
Diario
de un cazador |
Destino
|
Barcelona
|
1995 |
| 1957
|
Siestas
con viento sur |
Destino
|
Barcelona
|
1994 |
| 1958
|
Diario
de un emigrante |
Destino
|
Barcelona
|
1991 |
| 1959
|
La
hoja roja |
Destino
|
Barcelona
|
1999 |
| 1961
|
Por
esos mundos. |
Destino
|
Barcelona
|
1970 |
| 1972
|
La
caza en España |
Alianza
Editorial |
Madrid
|
1964 |
| 1962
|
Las
ratas |
Destino
|
Barcelona
|
1999 |
| 1963
|
Europa:
parada y fonda |
Plaza
Janés |
Barcelona
|
1981 |
| 1964
|
El
libro de la caza menor |
Destino
|
Barcelona
|
1973 |
|
1964 |
Viejas
historias de Castilla la Vieja |
Alianza
Editorial Lumen |
Barcelona
|
1984 |
| 1966
|
Cinco
horas con Mario |
Destino
|
Zaragoza
|
1980 |
| 1966
|
USA
y yo |
Destino
|
Barcelona
|
1966 |
| 1968
|
La
primavera de Praga |
Planeta
|
Barcelona
|
2002 |
| 1968
|
Vivir
al día |
Destino
|
Barcelona
|
1993 |
| 1969
|
Parábola
de náufrago |
Destino
|
Barcelona
|
1984 |
| 1970
|
Con
la escopeta al hombro |
Destino
|
Barcelona
|
2000 |
| 1970
|
La
mortaja |
Alianza
Cien |
Madrid
|
1983 |
| 1972
|
Un
año de mi vida |
Destino |
Barcelona
|
1986 |
| 1973
|
El
príncipe destronado |
Destino
|
Barcelona
|
1992 |
| 1975
|
Las
guerras de nuestros antepasados |
Destino
|
Barcelona
|
1985 |
| 1977
|
Aventuras,
venturas y desventuras de un cazador a rabo |
Destino
|
Barcelona
|
1996 |
| 1977
|
Mis
amigas las truchas |
Destino
|
Barcelona
|
1977 |
| 1978
|
El
disputado voto del señor Cayo |
Destino
|
Barcelona
|
1999 |
| 1979
|
Un
mundo que agoniza |
Ave
Fénix |
Barcelona
|
1998 |
| 1981
|
Las
perdices del domingo |
Destino
|
Barcelona
|
1996 |
| 1981
|
Los
Santos Inocentes |
Planeta
|
Barcelona
|
1998 |
| 1982
|
3
pájaros de cuenta |
Miñón
Colección Las Campanas |
Valladolid
|
1983 |
| 1982
|
Dos
viajes en automóvil: Suecia y Países Bajos |
Plaza
Janés |
Barcelona
|
1982 |
| 1982
|
El
otro fútbol |
Destino
|
Barcelona
|
1982 |
| 1983
|
Cartas
de amor de un sexagenario voluptuoso |
Destino
|
Barcelona |
1983 |
| 1985
|
El
tesoro |
Destino
|
Barcelona
|
1994 |
| 1985
|
La
censura en los años 40 |
Ámbito
Ediciones |
Valladolid
|
1985 |
| 1986
|
Castilla
habla |
Destino
|
Barcelona
|
1986 |
| 1987
|
Madera
de héroe |
Destino
|
Barcelona
|
1987 |
| 1989
|
Mi
vida al aire libre |
Destino
|
Barcelona
|
1989 |
| 1990
|
Pegar
la hebra |
Destino
|
Barcelona |
1991 |
| 1991
|
Señora
de rojo sobre fondo gris |
Destino
|
Barcelona
|
1996 |
| 1992
|
El
último coto |
Destino
|
Barcelona
|
1992 |
| 1995
|
Diario
de un jubilado |
Destino
|
Barcelona
|
1995 |
| 1996
|
He
dicho |
Destino
Áncora y Delfín |
Barcelona
|
1996 |
Notas
a pie de página
(1)
A propósito de la palabra francesa ordubre, Miguel Delibes
me escribió el 17 de febrero de 2003 lo siguiente:
Ordubres: me sorprende
que no la recoja el diccionario de la RAE. En mi casa, de descendencia
francesa, se empleaba normalmente.
Un
saludo cordial
Miguel
Delibes
(2)
Todas ellas las tengo registradas y quizá sirvan de materia para
otro libro. Valgan como ejemplo las siguientes:
En Cinco horas
con Mario, por ejemplo, Menchu engarza unas expresiones con otras
en su monólogo ante el cuerpo presente de Mario. Le dice que “a
ti no hay quien te apee de la burra”, le reprocha
que siempre está “con cara de ciprés”,
aunque “da gloria verle” su manera de conducir.
Concluirá sentenciando: “Te lo he contado todo, Mario, cariño,
de pe a pa”.
Al igual que pasa
con los términos, todas estas expresiones dan sazón y sustancia
a sus novelas en el momento adecuado. Las hay de caza: a espetaperro,
a cascaporrillo, a bocajarro, a quemarropa; religiosas: ¡Alabado
sea el Señor!, a la buena de Dios, como Dios manda.
Delibes mezcla refranes de marcado carácter rural ( En llegando
San Andrés, invierno es ) con otros más conocidos (
A palabras necias, oídos sordos ).
(3) La relación
epistolar con Miguel Delibes ha continuado a pesar de haber concluido
la investigación de los mil cuatrocientos sesenta y nueve términos
populares-rurales. Le he venido consultando otras palabras de las que
no aparecen en el Diccionario de la Academia, puesto que es una manera
de enriquecer enormemente los significados con los que ya contaba.
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