Un modo de ser y unos modos de hablar se están perdiendo en Castilla


         La Castilla rural que nos muestra Miguel Delibes en sus novelas tiende a desaparecer. Sus personajes han dejado de existir o ya son muy mayores. Los aperos de labranza empleados durante siglos han dado paso a tractores y cosechadoras con aire acondicionado en verano y calefacción en invierno. Los usos y costumbres de las gentes del campo han cambiado radicalmente en los últimos cincuenta años y, con ellos, su modo de hablar. El léxico rural que era popular, se va perdiendo a favor de otro tipo de lenguaje más global, menos apegado a la tierra y claramente influido por los medios de comunicación.

         Cuando Delibes escribió El camino en 1950, en la Castilla de entonces se enjaretaba a los machos para la fiesta, se pescaban cangrejos de río con araña o retel y se cogían lecherines para los conejos. Más de medio siglo después los hombres y mujeres de la Castilla rural usan muchas veces el coche cuando van a la ermita de su pueblo, el cangrejo americano ha hecho desaparecer al español a fuerza de repoblación y a los conejos se les da pienso compuesto ya preparado.

         ¿Ha acertado Miguel Delibes a pintar Castilla en este medio siglo de su novelística?A la Castilla rural sí. También a la urbana. Ha reflejado perfectamente los modos de hablar, de hacer y de ser de los castellanos. Delibes sabía, y así nos lo dejó escrito en Un mundo que agoniza, que al hombre se le estaba arrebatando la pureza del agua y del aire pero también que se le estaba amputando el lenguaje.

         Lo que Miguel Delibes refleja en sus novelas es todo un discurso popular-rural que ha venido latiendo en Castilla durante los últimos siglos. Discurso que no sólo abarca los términos empleados por sus hablantes, sino también las expresiones y el carácter castellano a través de los personajes de sus novelas.

         La narrativa de Miguel Delibes se nutre también de otros discursos como el de términos marineros o el de palabras de origen hispanoamericano o francés.

         Los términos marineros, que son ochenta y seis, aparecen sobre todo en La partida y Madera de héroe y son muy conocidos por el autor desde 1938 cuando se enroló como voluntario en el crucero Canarias durante la guerra civil.

         El número de palabras que Delibes recoge de Hispanoamérica es de cuarenta y seis. Las tuvo que escuchar durante los viajes que realizó por aquellas tierras. Muchas de ellas aparecen en Diario de un emigrante. Otras quedarán grabadas para siempre en el vocabulario del escritor y las empleará habitualmente en sus novelas.

         Por último, he comprobado que Delibes emplea algunas palabras francesas como si fueran españolas y ello se debe, como el mismo Delibes me comentó, a la ascendencia francesa de su familia (1).

         Ahora bien, estos otros discursos tienen menor importancia en sus libros y no cabe duda de que el discurso popular-rural castellano es el central de su novelística.

         Además del léxico popular-rural, Delibes nos enriquece y deleita en las páginas de sus libros con más de mil refranes, dichos, expresiones, sentencias, locuciones y comparaciones (2).
Y finalmente, también se perciben las esencias de lo popular-rural en muchos de los personajes que Delibes presenta en sus novelas. Son seres únicos, irrepetibles, pero también tipos que se dieron con frecuencia en la Castilla rural. Chicos como Daniel el Mochuelo han existido en todos los pueblos de Castilla y León y al tío Ratero o al señor Cayo no ha sido difícil encontrarlos en Tierra de Campos, el valle del Esgueva o en Pancorbo.

 

La ruralidad de Miguel Delibes en un diccionario


         Existen varios estudios sobre Miguel Delibes que abarcan algún aspecto concreto de la obra del autor, como pueden ser la caza, el estilo, Miguel Delibes como autor católico, etc. Pero, evidentemente, no han podido estudiar los libros que Delibes ha publicado con posterioridad a sus trabajos. Por tanto, ninguno de los estudios realizados sobre Delibes llega a abarcar toda su obra.

         Es de desear que Miguel Delibes nos sorprenda con una nueva novela. Si, desgraciadamente para las Letras y los lectores de Miguel Delibes, no surgiera otro libro de la pluma del escritor vallisoletano, el presente diccionario sería completo al haber trabajado desde el punto de vista popular-rural toda su narrativa.

         La riqueza de términos de tipo popular-rural en las novelas de Miguel Delibes es evidente. Delibes ha conseguido recoger las voces y expresiones que ha ido escuchando durante décadas por pueblos como Villafuerte, Castrillo Tejeriego, Quintanilla de Onésimo, Peñafiel, etc.

         Es interesante saber cuáles son los pueblos más frecuentados por Delibes, es decir, en qué pueblos ha oído y recogido más palabras y expresiones rurales para después incluirlas en sus novelas. De esta manera sabremos el origen de todo este discurso popular-rural que Delibes emplea con tanta naturalidad.

         Rastreando página a página las novelas de Delibes, me he encontrado con mil cuatrocientos sesenta y nueve términos, específicamente populares-rurales, que forman parte de su discurso narrativo. La mayoría de ellos (mil cuarenta) aparece con su significado preciso en el Diccionario de la Academia de la Lengua. Pero hay trescientos veintinueve que no.

Términos populares-rurales
Aparecen en el DRAE
No aparecen en el DRAE
1.469
1.040
329

         Al clasificar estas palabras en los distintos aspectos que conforman lo popular-rural he comprobado, por ejemplo, que Delibes es más aficionado a la caza que a la pesca. De caza se encuentran en sus novelas ciento veintidós términos. De pesca sólo treinta y nueve. Y es que, frente a la conocida frase que dice que Delibes es un cazador que escribe, nadie ha pensado nunca en sustituir la palabra “cazador” por “pescador”. ¡Cuántas veces se ha visto retratado a Delibes como cazador! En qué pocas fotos aparece pescando.

         Al estudiar las palabras relacionadas con la caza se comprueba que Delibes es hombre de caza menor: la perdiz, la liebre y el conejo son los animales más nombrados. Leyendo sus novelas, el lector sabrá dónde, cómo y qué se caza o qué es lo que tiene que llevar un cazador en cualquier jornada de campo.

         Delibes conoce perfectamente el modo de actuar de estos animales y cuenta que mientras la perdiz “apeona” antes de echar a volar, la liebre se “amona” en la cama y el conejo “embarda” en el vivar.

         Abunda la caza en libros como Diario de un cazador, El libro de la caza menor o Con la escopeta al hombro.

         Las referencias a la pesca en la narrativa de Delibes son menores que las de la caza. Centra sus comentarios en dos animales: la trucha y el cangrejo. Delibes llevaba “mosco”, “plumas de lomo” y “tasajo” entre otros utensilios y su conocimiento de este deporte le hace diferenciar en sus novelas entre aguas corrientes de los ríos (cachón, cadozo, ejarbe, escorrentía…) y aguas estancadas (represa, restaño, estiaje, lavajo…).

         Para el cangrejo todo es más sencillo, no hacen falta licencias. Basta con una “araña” o un “retel” y un poco de habilidad. Delibes tiene escrito un libro sobre pesca que resulta muy curioso desde su mismo título: Mis amigas las truchas.

         El Delibes pescador y cazador se ha encontrado con multitud de plantas y animales en sus salidas al campo. Al tomar sólo las plantas más claramente rurales, desechando las que conoce todo el mundo, he llegado a anotar noventa y dos a lo largo de su narrativa. De ellas hay diecinueve árboles, algunos empleados tanto en masculino como en femenino (olmo-olma, chopo-chopa, nogal-nogala).

         También son constantes las alusiones a conjuntos de plantas, que Delibes maneja con asiduidad: mimbreral, cerviguera, rastrojera, piornal… Las tierras mesetarias, las de páramo y cielo infinito son las más frecuentadas por Delibes. Así, se citan en sus novelas sesenta y siete arbustos distintos, que es la planta más habitual en esas zonas.

         En cuanto a los animales tuve que subdividir la clasificación en dos: aves (que suman noventa y una) y el resto de animales que llegan a cincuenta y tres. Así comprobé que el amor y conocimiento de Delibes hacia los pájaros se ve reflejado en sus novelas. Conocidos son sus intentos, con suerte dispar, de introducir en el Diccionario de la Academia Española algunos nombres de pajaritos. Los hay incluso con denominación propiamente rural como el “engañapastor” que, por el tono gris de su plumaje, se dice que engaña a los pastores cuando vuela cerca de los rebaños en la hora crepuscular.

         Prescindiendo de las aves, hay que destacar el rigor con el que Delibes refleja lo que fueron las ratas de agua para muchas familias castellanas. Es inolvidable la frase en la que el tío Ratero cuenta el placer que le produce comerse un par de ratas fritas con un chorro de vinagre, pan y un vaso de clarete.

         El otro animal nombrado con frecuencia por Delibes, además de los mencionados en la caza, es la abeja. El señor Cayo explica lo que es un “humeón” y, en Castilla habla explica el modo de vida de estos animales. Todo tiene su nombre preciso, hasta la piedra o teja que sobresale de la “hornillera” en la que las abejas hacen el “dujo” y que sirve para que entren en él con mayor facilidad.

         Los animales cobran protagonismo en libros como Las ratas con la perra Fa o en Los santos inocentes y la milana de Azarías. Otros nos lo dicen todo en el título: Las perdices del domingo o Tres pájaros de cuenta.

         La última división que he realizado de este léxico popular-rural se refiere a los aperos de labranza y las faenas del campo. Nombra Delibes ciento trece términos de objetos y modos de trabajar el campo que conoció (casi todos) en su infancia y juventud antes de que llegara la maquinaria agrícola. Desde el pan lechuguino que se llevaban los labradores al campo hasta los distintos nombres de las tierras: alfalfar, barbecho, bacillar, majuelo

         Es muy curioso observar la cantidad de verbos que empiezan con el prefijo des- y que hacen alusión a las faenas del campo. A una planta se la puede “descepar”, “desarraigar” o “desmochar”. A una tierra se la “desbroza” o “despedrega”.

         Hay muchos términos referidos a las labores agrícolas que son citados por Delibes y que hoy la gente ya no conoce. Se dan casos como el del trillo, que ha pasado de ser uno de los aperos más comunes por estos pueblos a mueble decorativo en salones y bodegas, ya sean del campo o de la ciudad. Delibes nombra con precisión al trillo pero también a las piedrecitas que se incrustan en su base de madera y que se llaman “pernalas”, “chistas” o “chinas”. En la actualidad este apero sigue existiendo aunque sea como pieza decorativa, pero la denominación popular-rural de las piedrecitas que se incrustan en él se ha perdido.

         Me he encontrado en algunas ocasiones con términos que son empleados por Delibes de un modo muy particular. El verbo “carear” significa “pacer o pastar el ganado cuando va de camino” y, sin embargo, Delibes lo emplea para un muchacho del que dice que tiene los remolones de la cabeza careados.

         Sobre la gente del campo castellano siempre se cierne la preocupación de la meteorología. Dice Delibes que el cielo es tan alto en Castilla porque los labradores lo han levantado de tanto mirarlo. Y llega a nombrar en sus novelas veintiocho accidentes meteorológicos. Por ejemplo, compruebo que cita Delibes distintos tipos de lluvia fina como el “calabobos”, las “aguarradillas” de abril o las “asperezas”. Las nubes pueden ser “nublados” que traigan “piedra”. El sol quizá se quede en “resolillo” o llegue a “solisombra” y el cielo un día estará “entoldado” y otro “enrasará”.

         En el cuadro que aparece a continuación he incluido los términos que nombra Delibes de cada uno de los aspectos que conforman su léxico popular-rural.

Términos populares-rurales Total 1.469
Caza 122
Pesca 39
Plantas 92 (árboles 19, flores 6, arbustos 67)
Animales 144 (pájaros 91, otros animales 53)
Accidentes meteorológicos 28
Religión 14
Medidas de capacidad y longitud 8
Elevaciones del terreno 28
Lugares del campo 114
Aperos y faenas del campo 113
Caballerías 28


Términos al margen de la Academia: cómo se gestó su catálogo

         La lectura de las novelas de Miguel Delibes, libro a libro, página a página, tropieza con trescientas veintinueve voces que no están recogidas por el Diccionario de la Academia de la Lengua. Son las voces que presento en este volumen con la categoría de términos populares-rurales empleados por Delibes y no recogidos por el DRAE. Todas las palabras, como explicaré a su debido tiempo, se muestran con su significado preciso. Y para dar con la acepción que les corresponde, pensé que sería interesante saber dónde las había oído Delibes.

          Rastreando la narrativa de Delibes, se puede dibujar un mapa en el que aparezcan los pueblos en los que ha estado el autor. Delibes los cita y expresa el propósito de su viaje. Habitualmente se acercaba a estos pueblos para cazar. En otras ocasiones, para pescar en sus ríos o simplemente para pasar unas horas en el campo.

         Aunque ocasionalmente aparecen también otros pueblos de la provincia de Valladolid o de otras provincias de Castilla y León, la mayoría de ellos conforman una zona compacta: la del valle del Esgueva y la del valle del Duero (en la zona en que corre pareja al del Esgueva, a partir de Peñafiel). A todos estos pueblos sólo habría que añadir el de Villanueva de Duero, también muy frecuentado por Delibes (cazó muchas veces en la finca de los Araoz), que se sitúa al oeste de Valladolid.


         Llegado a este punto, empecé a recorrer con mi mujer estos pueblos en busca de los términos desconocidos. Ella, al ordenador tomando nota de lo que decían los informantes, y yo, preguntándoles por las palabras de Delibes. Habitualmente buscábamos a gente mayor, más conocedora de estos términos rurales. Recorrimos los pueblos, deteniéndonos en casas particulares y en las residencias de la tercera edad de Tudela de Duero, Quintanilla de Onésimo y Peñafiel. Primeramente, debíamos vencer la reticencia natural castellana, para después preguntar por las palabras. Comprobamos que, en general, los términos eran conocidos por los informantes, pero no dábamos un significado por bueno hasta que no había sido contrastado al menos por una decena de personas.

         Yo les nombraba el término con su contexto pero sin darles el significado que quizá ya había recogido de otras personas. Observé que el ofrecerles un posible significado de la palabra condicionaba su respuesta.

         Tuvimos que acudir a los mismos informantes en varias ocasiones, pues preguntar por el significado de trescientas veintinueve palabras de una vez no parecía conveniente. Lo habitual fue consultar unas veinte-treinta palabras por sesión.

         De entre las más de cincuenta personas entrevistadas destacaron dos de ellas por su sabiduría y facilidad en la explicación: Terencio, de ochenta y siete años, natural de Sanllorente y grandísimo conocedor del mundo de las abejas y Fernando, de sesenta y dos años, que nació y vive en Valbuena de Duero.

         Después de muchos viajes por la zona, di por concluida la investigación. Contaba con trescientos un significados claros y precisos. Pero todavía me quedaban veintiocho términos desconocidos por los informantes o, a lo sumo, con unas definiciones vagas e imprecisas.

         De las trescientas una palabras encontradas, algunas fueron realmente complicadas para los informantes. Para términos como “piedralipe” tuve que preguntar a más de treinta lugareños hasta encontrar a alguien que supiera su significado.

         Abdón, un vecino de Castrillo Tejeriego, fue el que recordó que la piedralipe era un sulfato que se preparaba en los corrales de las casas para luego echarlo a los campos de cereal. Era un término olvidado ya, pues hace más de cuarenta años que este sulfato venía mezclándose desde los silos para su uso en el campo.

         Volví finalmente a casa con la mayoría de los términos bien definidos, trescientos uno, pero todavía contaba con veintiocho términos por descubrir.

         Decidí entonces escribir al propio Miguel Delibes preguntándole por los términos que me faltaban. Y todo resultó muy sencillo. En cada carta le enviaba a don Miguel 6 u 8 palabras con la referencia del libro en el que aparecían y, antes de quince días, me encontraba con su respuesta en mi buzón. Cada una de las veintiocho palabras que le consulté tuvo su respuesta precisa. Todas ellas de su puño y letra, acabando siempre con un saludo afectuoso. (3)

         La investigación de campo se ha basado en los pueblos citados por Delibes dentro de esa zona compacta mencionada más arriba (además de Villanueva de Duero, algo más alejado): así, me entrevisté con gentes de los pueblos del valle del Esgueva, de los pueblos que se encuentran entre ambos valles (Castrillo Tejeriego y Villavaquerín) y de los pueblos del valle del Duero. En líneas generales, conocían los términos y les dieron un significado preciso.

         Después de muchas entrevistas, quise mejorar los significados de las palabras relacionadas con la pesca y decidí buscar nuevos informantes en dos zonas en las que Delibes practicó este deporte: el Pisuerga a la altura de Mave y el Omaña a su paso por Magdalena. En Mave pude precisar algunos términos y en Magdalena me entrevisté personalmente con Paulino (guarda del Omaña que pescó con Delibes en varias ocasiones y al que dedica un capítulo de Mis amigas las truchas llamado: “Paulino, el del Omaña”).

         En el mapa número 1 se observa que los pueblos citados con más frecuencia por Delibes abarcan una zona homogénea del Este y Sur de Valladolid.

         En el mapa número 2 he resaltado los pueblos en los que se produjo la investigación.

         Mapa 1


         Mapa 2

 


PUEBLOS MENCIONADOS CON FRECUENCIA EN LA NARRATIVA DE MIGUEL DELIBES

Valle del Esgueva

         Delibes pescó sus primeros cangrejos en el río Esgueva a la altura de Esguevillas. En los tiempos mozos del escritor esta variedad de cangrejo español se daba en abundancia. Sobraban cangrejos para los del pueblo y para los que venían desde Valladolid, como Delibes.

         Este valle también le ha dado muchas alegrías cinegéticas. Con su padre, su hermano Manolo o con amigos, Delibes ha cobrado abundantes perchas en los páramos de Renedo, Esguevillas o Villafuerte.

“La pesca del cangrejo era un recurso que mi padre aprovechaba para sacarnos a tomar el aire en primavera. Mientras permanecíamos en Valladolid, solíamos ir a la Esgueva, bien a Renedo o, valle arriba, hasta Esguevillas o cualquier otro pueblo intermedio. La Esgueva fue un río pródigo en cangrejo de pata blanca (un crustáceo verdoso, no exageradamente grande ni de pinza muy desarrollada, pero sabroso). Lo malo de la Esgueva, como de casi todos los ríos y arroyos de llanura, era que sus aguas bajaban turbias a causa de la erosión y entre esto y que la pesca del cangrejo era crepuscular, tirando a nocturna, no se veía lo que se pescaba hasta que el retel afloraba y uno le alumbraba con la linterna. Este defecto lo soslayé años después, cuando ya de adulto, me dediqué al cangrejo en los ríos Moradillo y Rudrón, en Burgos, de aguas cristalinas y oxigenadas, con lo que la pesca de este crustáceo dejó de ser una actividad ciega.” (VAL pp. 127-128)

• (21 de octubre de 1971)
Requeridos por el solillo de estos días, mi hermano Manolo y yo nos fuimos a dar una vuelta por las cuestas de Villafuerte de Esgueva. (AVD p. 17)

Entre el Esgueva y el Duero

         Entre un valle y otro se encuentran Castrillo Tejeriego, La Sinoba, Villavaquerín y Villabáñez. A todos ellos les baña el arroyo Jaramiel. Desde Valladolid se llega con facilidad por Renedo, Tudela o Quintanilla de Onésimo. También fue el Jaramiel muy pródigo en cangrejos y sus páramos y barcos siempre han contado con magnífica caza menor.

         El valle del Jaramiel es bien conocido por Delibes. El contacto con sus gentes en días de caza y pesca le ha permitido conocer muchos de los términos rurales que aparecen en este diccionario.

Fuimos Melecio y yo en la furgoneta del pescado hasta lo de la Sinoba. La carretera está llena de agujeros y el trasto botaba con ganas. (D1C p. 98)

Valle del Duero

         Llegar hasta el valle del Duero desde Valladolid es muy sencillo y rápido. Más al Este o más al Sur, Miguel Delibes ha frecuentado estos pueblos desde que era un niño.

         Pasó dos veranos de su infancia en Quintanilla de Onésimo. Era la primera vez que tenía escopeta. Su familia había alquilado una casa cerca del río, a la altura del antiguo molino. En uno de aquellos veranos, Delibes gastó más de dos mil perdigones disparando a los vencejos que llegaban al corral de la casa. Sólo uno de ellos logró alcanzar su objetivo.

• Yo mismo cacé perdices con poco éxito en estos términos y en el de Villanueva de Duero hace más o menos veinticinco años. (EUC p. 224)
• A estos efectos, yo recuerdo mis excursiones infantiles, de morralero con mi padre, en las heredades recién segadas de Quintanilla de Abajo, Olivares y Sardón de Duero. (LCE pp. 75-76)


Estructura de los términos

         El léxico de carácter popular-rural extraído de las novelas y cuentos de Miguel Delibes aparece en este libro de la siguiente manera:

         Abecedario en el que se incluyen todas las palabras que no recoge el DRAE: porque efectivamente no aparecen en el DRAE; porque su acepción es otra; por considerar que la investigación de campo puede ampliar o mejorar el significado del DRAE.

         He recogido el léxico popular-rural de todas las novelas de Delibes a excepción de El hereje por tratarse de una novela histórica.

         Los libros de Delibes no aparecen con el título entero sino mediante siglas. Estas siglas, que se encuentran al final de esta introducción, se usan con el mismo criterio en todo el diccionario.

         Muchos de estos términos aparecen repetidos en un mismo libro. Cuento con su página y su contexto pero no los incluyo en el diccionario porque no aportan nada sustancial. Simplemente añado la palabra passim para indicar que en ese libro hay más ejemplos del término en cuestión.

         El esquema seguido para cada voz es muy parecido en casi todos los casos:

# Primero la palabra –Ardivieja- y después el libro y su página –EUC p. 145-


Ardivieja
EUC p. 145

# En ocasiones conviene citar todos los contextos que recogen el término en cuestión en un mismo libro porque, en tales casos, sí que pueden aportar luz a su significado.

Repullarse
AVD p. 12
(...) el uno, achuchado en los altos, trató de salvar la mano repullado (...)
AVD p. 19
Las patirrojas, en general, bien derribadas, repulladas o sirgadas, pero distantes y en velocidades normales de crucero.
AVD p. 23
Después la cosa empieza a complicarse con las repulladas (...)
LPD p. 62
Eché una carrera y le volé, pero el indino, en contra de toda lógica, en lugar de repullarse sobre las copas, voló sorteando los troncos,
LPD p. 81
(...) le repulló otro, galleando,
LSI p. 95
(...) al pájaro aquel de la primera batida , en el canchal, el que se repulló a las nubes,


# Si la palabra aparece en el diccionario, no se elimina ninguno de los significados que recoge el DRAE ni ninguna de sus abreviaturas o símbolos.

# Cuando procede, aparecen los significados que aportan diversos diccionarios.

Engañapastor
D1C p. 59
Melecio, a última hora, derribó un engañapastor porque se aburría.
Engañapastores: Chotacabras (Diccionario Ilustrado de la Lengua Española)
Engañapastor: n.m. Ave trepadora de pico pequeño y corvo, con varias cerdillas alrededor, de plumaje gris con manchas y rayas negras. Se alimenta de insectos que caza al vuelo y busca en los rediles al anochecer. Sinónimos: chotacabras, capacho. (Diccionario del Castellano Tradicional)
Engañapastor: Pájaro que sale en el crepúsculo y come los insectos que van detrás de cada rebaño. Entre algunos pastores es conocida la leyenda de que este animal se bebía la leche de las ovejas. Es sinónimo de chotacabras. Suele asustar a la gente porque no hace ruido cuando pasa. (Investigación de campo)
D1E p. 22
Cerca ya de casa, un engañapastor le partió un faro.


# A continuación (en algunas ocasiones) aparece el significado que de la palabra me ha dado Miguel Delibes en diversas cartas manuscritas que conservo.

Monda
AVD p. 187
Monda: El claro y la calva del monte. (Miguel Delibes, 1 de octubre de 2003)


# Y, finalmente, la investigación de campo.

Papujado
CH p. 143
(...) antes de llegar a Cogeces -cuyo cementerio tiene los cipreses más papujados que haya visto el cronista- (...)
papujado, da.
1. adj. Dicho de las aves, especialmente de las gallinas: Que tienen mucha pluma y carne en el papo.
2. adj. Abultado, elevado o sobresaliente y hueco.
Papujo: adj. Persona que tiene bocio. (Diccionario del Castellano Tradicional)
Papujado: Abierto, nada compacto. Se dice que un puré está papujado cuando está demasiado líquido. Y de una persona cuando tiene papada. En este caso habla de unos cipreses que en la actualidad no existen. Los cipreses el cementerio de Cogeces del Monte se secaron y hubo que quitarlos. (Investigación de campo)

Ejemplo completo:

Aborrascarse
LSI p. 107
(...) y, en la mesa, todos a reír indulgentemente, paternalmente, menos René, a quien se le había aborrascado la mirada, y no dijo esta boca es mía,
aborrascarse.
1. prnl. Dicho del tiempo: Ponerse borrascoso.
borrasca. (Del lat. borras por boreas, viento norte).
4. Riesgo, peligro o contradicción que se padece en algún negocio.
Aborrascarse: Ponerse tempestuoso el tiempo. (Diccionario de Uso del Español)
Aborrascarse: r. Ponerse el tiempo borrascoso. met. Alterarse, conmoverse con violencia. fam. Embriagarse. (Diccionario General de la Lengua Castellana)
Aborrascado: p.p. de Aborrascarse. Adj. Azaroso, peligroso. (Diccionario Ilustrado de la Lengua Española)
Aborrascarse: v.pron. Ponerse borrascoso el tiempo. (Diccionario del Castellano Tradicional)
Aborrascado: Lo mismo que en el amplísimo horizonte castellano el contraste entre un día apacible y otro tormentoso es muy notable, el semblante y la mirada de una persona tranquila se altera más o menos ante una situación nueva de dolor o alegría. La borrasca, en el lenguaje popular es aún mayor y sobre todo dura más que la tormenta. Aborrascarse la mirada es por ello muy particularmente expresivo por su propio significado de experiencia vivida y expresada en el contacto con una naturaleza excesiva y cambiante.
Por otra parte, esta expresión, aborrascarse la mirada, se relaciona directamente con otra, también muy popular: la mirada es el espejo del alma. Pues si el ánimo o el alma está serena la mirada será benigna y apacible, pero si el ánimo está muy alterado ¿qué tiene de extraño que se “aborrasque la mirada”? (Investigación de campo)


         Con este ordenamiento y fijación del léxico rural de las novelas de Miguel Delibes se llama la atención sobre un lenguaje popular-rural que está en trance de desaparecer, lo cual supondrá un empobrecimiento general de la lengua española.

         Este glosario está salvando esa rica porción del castellano que se produjo en una etapa lingüísticamente muy rica de Castilla y, por tanto, quiere encender una luz que preserve del olvido lo que fue aquel modo de vida rural que aún puede servir de ejemplo a los lectores de Miguel Delibes.

SIGLAS EMPLEADAS PARA CITAR LAS OBRAS DE MIGUEL DELIBES

LSCA La sombra del ciprés es alargada
AEDD Aún es de día
EC El camino
MIHS Mi idolatrado hijo Sisí
LP La partida
D1C Diario de un cazador
SVS Siestas con viento sur
D1E Diario de un emigrante
LHR La hoja roja
PEM Por esos mundos
LCE La caza en España
LR Las ratas
EPF Europa: parada y fonda
ELCM El libro de la caza menor
VHCV Viejas historias de Castilla la Vieja
5HM Cinco horas con Mario
USA USA y yo
PP La primavera de Praga
VAD Vivir al día
PN Parábola de náufrago
CEH Con la escopeta al hombro
LM La mortaja
UAMV Un año de mi vida
EPD El príncipe destronado
LGNA Las guerras de nuestros antepasados
AVD Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo
MAT Mis amigas las truchas
DVSC El disputado voto del señor Cayo
UMA Un mundo que agoniza
LPD Las perdices del domingo
LSI Los Santos Inocentes
3PC 3 pájaros de cuenta
2VA
Dos viajes en automóvil: Suecia y Países Bajos
EOF El otro fútbol
CASV Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso
ET El tesoro
CA40 La censura en los años 40
CH Castilla habla
377 Madera de héroe
VAL Mi vida al aire libre
PH Pegar la hebra
SRFG Señora de rojo sobre fondo gris
EUC El último coto
D1J Diario de un jubilado
HD He dicho


         EDICIONES UTILIZADAS


Año 1ª
edición                                                                                     Edición empleada

1948 La sombra del ciprés es alargada Destino Barcelona 1997
1949 Aún es de día Destino Barcelona 1994
1950 El camino Destino Barcelona 1998
1953 Mi idolatrado hijo Sisí Destino Barcelona 2002
1954 La partida Alianza Editorial Madrid 1984
1955 Diario de un cazador Destino Barcelona 1995
1957 Siestas con viento sur Destino Barcelona 1994
1958 Diario de un emigrante Destino Barcelona 1991
1959 La hoja roja Destino Barcelona 1999
1961 Por esos mundos. Destino Barcelona 1970
1972 La caza en España Alianza Editorial Madrid 1964
1962 Las ratas Destino Barcelona 1999
1963 Europa: parada y fonda Plaza Janés Barcelona 1981
1964 El libro de la caza menor Destino Barcelona 1973
1964 Viejas historias de Castilla la Vieja Alianza Editorial Lumen Barcelona 1984
1966 Cinco horas con Mario Destino Zaragoza 1980
1966 USA y yo Destino Barcelona 1966
1968 La primavera de Praga Planeta Barcelona 2002
1968 Vivir al día Destino Barcelona 1993
1969 Parábola de náufrago Destino Barcelona 1984
1970 Con la escopeta al hombro Destino Barcelona 2000
1970 La mortaja Alianza Cien Madrid 1983
1972 Un año de mi vida Destino Barcelona 1986
1973 El príncipe destronado Destino Barcelona 1992
1975 Las guerras de nuestros antepasados Destino Barcelona 1985
1977 Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo Destino Barcelona 1996
1977 Mis amigas las truchas Destino Barcelona 1977
1978 El disputado voto del señor Cayo Destino Barcelona 1999
1979 Un mundo que agoniza Ave Fénix Barcelona 1998
1981 Las perdices del domingo Destino Barcelona 1996
1981 Los Santos Inocentes Planeta Barcelona 1998
1982 3 pájaros de cuenta Miñón Colección Las Campanas Valladolid 1983
1982 Dos viajes en automóvil: Suecia y Países Bajos Plaza Janés Barcelona 1982
1982 El otro fútbol Destino Barcelona 1982
1983 Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso Destino Barcelona 1983
1985 El tesoro Destino Barcelona 1994
1985 La censura en los años 40 Ámbito Ediciones Valladolid 1985
1986 Castilla habla Destino Barcelona 1986
1987 Madera de héroe Destino Barcelona 1987
1989 Mi vida al aire libre Destino Barcelona 1989
1990 Pegar la hebra Destino Barcelona 1991
1991 Señora de rojo sobre fondo gris Destino Barcelona 1996
1992 El último coto Destino Barcelona 1992
1995 Diario de un jubilado Destino Barcelona 1995
1996 He dicho Destino Áncora y Delfín Barcelona 1996

 

Notas a pie de página

         (1) A propósito de la palabra francesa ordubre, Miguel Delibes me escribió el 17 de febrero de 2003 lo siguiente:

         Ordubres: me sorprende que no la recoja el diccionario de la RAE. En mi casa, de descendencia francesa, se empleaba normalmente.

                  Un saludo cordial
                                                      Miguel Delibes

         (2) Todas ellas las tengo registradas y quizá sirvan de materia para otro libro. Valgan como ejemplo las siguientes:

         En Cinco horas con Mario, por ejemplo, Menchu engarza unas expresiones con otras en su monólogo ante el cuerpo presente de Mario. Le dice que “a ti no hay quien te apee de la burra”, le reprocha que siempre está “con cara de ciprés”, aunque “da gloria verle” su manera de conducir. Concluirá sentenciando: “Te lo he contado todo, Mario, cariño, de pe a pa”.

         Al igual que pasa con los términos, todas estas expresiones dan sazón y sustancia a sus novelas en el momento adecuado. Las hay de caza: a espetaperro, a cascaporrillo, a bocajarro, a quemarropa; religiosas: ¡Alabado sea el Señor!, a la buena de Dios, como Dios manda. Delibes mezcla refranes de marcado carácter rural ( En llegando San Andrés, invierno es ) con otros más conocidos ( A palabras necias, oídos sordos ).

         (3) La relación epistolar con Miguel Delibes ha continuado a pesar de haber concluido la investigación de los mil cuatrocientos sesenta y nueve términos populares-rurales. Le he venido consultando otras palabras de las que no aparecen en el Diccionario de la Academia, puesto que es una manera de enriquecer enormemente los significados con los que ya contaba.