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1.
Qué entender por discurso
Limito mi trabajo,
en esta sección, al discurso (curso a través) en la narrativa
de Miguel Delibes. Y ésta, a los aspectos en que lo popular y lo
rural van de la mano: hechos y léxico.
El discurso
(discurrir continuado de palabras y frases, fruto de actos de la facultad
discursiva, que manifiesta por escrito un tema, ante el público),
que podría versar sobre diversos aspectos de la realidad, se fija
y concreta aquí en uno determinado, el discurso popular-rural.
2. Qué entender por popular
Ámbito
de lo popular. El calificativo de popular lo aplicamos y decimos
en el habla corriente a objetos populares, ideas populares, costumbres
populares, dichos populares. Cuando con verdad podemos hablar de esta
manera, ha transcurrido normalmente un largo tiempo de decantación
de esos objetos, ideas, costumbres..., hasta posarse esos objetos, ideas,
etc. en la entraña de los pueblos. Cuando, efectivamente, ya son
populares, forman un sedimento que viene a ser la calzada de suelo apisonado
sobre el que camina segura determinada sociedad en su marcha por la historia
como tal pueblo.
Las personas inmersas
en estas entidades populares, no obstante, serán a su manera personajes
populares, ya que podremos ver que piensan, se expresan y viven de manera
singular, y, en un momento determinado, veremos que escapan de lo popular,
para ser ellos mismos, irrepetibles y singulares. Así Lorenzo,
Melecio o Tadeo Piera, Quico o la Domi, sin perder su condición
de personajes populares, mantienen su condición de personas singulares,
en la narrativa de Miguel Delibes, como la mantendrían en la realidad.
Rasgos
o notas que definen lo popular
Definición
negativa y por contraposición
Se
suele partir de la definición previa de que lo popular tiene como
polo opuesto lo cultivado, moderno y propio de minorías selectas.
La definición, por negativa, resulta estrecha.
El
pueblo conserva, repite y es propietario de lo popular
Se
dice que son populares los hábitos o costumbres si se repiten,
no los meros hechos o acciones sueltos, y también se afirma que
son populares los comportamientos colectivos, no los hechos individuales.
La realidad siempre es anterior a la inteligencia del hecho popular
A
Miguel Delibes no hay por qué pedirle que razone su discurso popular
Lo presenta. Es fruto de su instinto de novelista, no de su reflexión.
Lo
popular es social, no de minorías
Este
rasgo es consecuencia del anterior. El propietario de la cultura popular
es el pueblo, común denominador de las expresiones populares.
La
expresión que llegó a popular fue precisamente la que nombraba
una realidad para la que andaba el pueblo buscando los términos
cabales, sin encontrarlos hasta el singular momento de su fijación.
Por
otra parte, la forma de transmisión de las realidades populares
es fundamentalmente el contagio social, la tradición oral boca
a boca, grupo a grupo, las celebraciones comunitarias.
Lo
popular social, ejerce una presión en derredor
Piénsese
en la frase, que se oye repetidamente en Castilla, y que es todo un lema
de vida: “¡Que no se diga!”, cargada de pundonor
y no solamente expresión de la voluntad de mantener unas apariencias.
Es
producto de una sedimentación que tiende a la inercia
Viene
de lejos y es producto de una sedimentación. Por esta razón
de lentitud presentará siempre determinada inercia y se mostrará
alérgico al cambio, en general, y a las innovaciones bruscas.
Está
al alcance de todos, implica a todos y llena todo su espacio
La
realidad popular es de todos y no es exclusivamente de nadie. Hay realidades,
como el pan lechuguino de cuatro canteros de Castrillo (en el Diario
de un jubilado), que baja el hijo del panadero, Justito Redondo,
a Valladolid, un “monumento al trigo castellano”,
que se vende muy bien y está al alcance de todos. Es un pan popular.
Hay,
por el contrario, realidades, como los valores estéticos o las
leyes de la evolución, que solamente están al alcance de
gentes preparadas.
Las
realidades populares se presentan como espontáneas, inmediatas
e ingenuas
Se
establecen precisamente por oposición, término a término,
con la cultura cultivada que, por su parte, se caracteriza como discursiva,
reflexiva y crítica.
Lo
popular presenta una perenne novedad
En
lo acostumbrado popular hay, sin embargo, una perenne novedad.
Así,
con más facilidad que en otras obras, en una de las preferidas
de Miguel Delibes, Viejas historias de Castilla la Vieja, aparentemente
sin grandes ambiciones ni gran formato, se advertirá la novedad
de lo acostumbrado a poco que se piense en los personajes que por ella
desfilan: El Isidoro, El Topo, la tía Bibiana, don Justo del Espíritu
Santo... Y así, más de cuarenta personajes, cada uno con
un frescor que no agosta la monotonía de lo acostumbrado y repetido.
Es
dinámico y está sometido a un flujo y reflujo
La
cultura popular la aprenden, interpretan y expresan los personajes del
relato de formas diferentes. A todas los configura. Todos configuran,
a su vez, la cultura que les tiene acogidos, porque la utilizan en mayor
o menor grado de manera creativa y nunca van a seguirla a ciegas.
El
caso de Melecio, en el Diario de un jubilado, anotado el 15 de
octubre, evidencia lo que decimos. Las chapuzas que hace el íntegro
de Melecio lo sacan de pobre. Le va muy bien. No da abasto. “Melecio
es un bocado sin hueso”.
Se
da también en las capas inferiores de la sociedad
Lo
popular da casos extremos, que no dejan de ser populares. El novelista
los acepta, son parte del pueblo que ven sus ojos. Un instinto popular
salvaje, no disciplinado, puede recorrer y sacudir la narración.
En El disputado voto del señor Cayo hay un tipo que es
tan terco como pueda serlo una mula manchega. Asegura que va a morir en
una fecha determinada. Como llega el día y no ha muerto, se da
la muerte él mismo.
Alcanza
el detalle, vive en él y presenta diferentes condensaciones
En
El camino todo es popular, pieza a pieza: el pueblo, los personajes,
el paisaje, el tiempo, los hechos que ocurren siempre y los que se suceden
sin que se les espere.
Lo
popular admite diferentes grados de densidad.
A
veces, un encanto poético sobrevuela los personajes y sus circunstancias.
Puede
degenerar
Lo
popular degenera cuando pierde la fuerza de su entidad original.
Adopta
formas de expresión propias, con determinado estilo
Los
modismos, las frases hechas, las sentencias populares y demás formas
verbales del saber popular se ajustan, igualmente, a normas o, si se prefiere,
se acomodan a moldes fijos, que garantizan su valor de circulación
en el mercado del lenguaje popular, con determinado estilo.
Características
específicas de lo popular castellano
Carácter austero y fatalista del hombre castellano
Puede
verse en Los niños. “Este carácter austero y fatalista
del castellano preside esta novela corta. Y con él la pobreza y
el escepticismo de una región que sabe grande su pasado pero vive
las estrecheces y durezas del presente con entereza”
Pasado
humanista
Unamuno
ya apuntó que en Castilla penetró tanto como donde más
el soplo del humanismo, el alma del Renacimiento. También en el
mundo rural. Los personajes de Delibes hablan más bien con digna
gravedad, reciben sin grandes cortesías, su continente es sobrio,
de movimientos calmosos, pausados en la conversación, peso y medida,
ponderación.
Determinada
tendencia universalizadora y de totalidad
Los
personajes de las novelas de Miguel Delibes no están nunca cerrados
sobre sí mismos. Miguel Delibes que disiente de algunas afirmaciones
y enfoques de Unamuno y de la Generación del 98 sobre Castilla,
coincide con el rector de Salamanca en el hecho de la mutua interdependencia
física de Castilla y de sus hombres. La meseta castellana, que
es toda cima en su redonda e ilimitada extensión, y su cielo “monoteísta”
ejercen una fuerza telúrica de dilatado horizonte sobre las gentes
que la ocupan. Ella condiciona el talante de sus habitantes, universales
y totales.
Un
elemento popular universalizador es en Castilla la religiosidad
Una
levadura religiosa fermenta toda Castilla en los siglos XVI y XVII. Se
trata de la religión católica que lo es, a la vez, de minorías,
regia, cortesana, de teólogos y letrados, moderna, reformadora
y contrarreformada, y del todo es y no deja de ser, a la vez, rural, tradicional,
iletrada y profesada por el último villano en su rincón,
que se mantiene alejado y nada quiere saber del rey.
La
faceta religiosa con flecos de superstición y de magia la ha recogido
Delibes en varios de sus libros sobre Castilla. Así, por ejemplo,
en Las Guerras de nuestros antepasados describe las visiones
de la abuela Benetilde, en La hoja roja el portento de los pájaros
que no se vuelan de las andas de la Virgen o en Las Ratas, el
episodio del petróleo.
3. Qué se ha de entender por rural
Rasgos
o notas que definen al mundo rural
Ruralidad
con sentido
El
labriego y el hombre de aldea (hombre y mujer, aldea y campo, casa y labranza)
son superficie cada día, pero también fondo que arranca
de atrás, tradición que permanece y crece hacia arriba,
porque es tradición con sentido.
España
es rural casi toda ella
Ortega
piensa que otros pueblos, no el español, han sido capaces de organizar
ciudades modernas, producto del capitalismo de los últimos siglos.
Nosotros no hemos sabido o no hemos podido hacerlo. Somos campo.
No
todos los pueblos son iguales
Y
así, no todos los pueblos que observa y presenta Miguel Delibes
tienen el encanto del de Daniel, el Mochuelo. Otros pueblos, como en
Las ratas y en Los santos inocentes, son menos atractivos
y pronto se ve que en ellos se ofrecen menos oportunidades de llevar una
vida con algún tono cultural y de bienestar material en condiciones.
Los
ojos infantiles ven mejor que otros las realidades rurales
El
secreto está en que los niños perciben con el corazón.
El mundo rural de Miguel Delibes
A
Miguel Delibes le importa y ama el mundo rural
Miguel
Delibes, previo a su concepto de lo rural y por encima de él, ama
viva y profundamente lo rural.
Lo
rural le importa por entero y lo quiere equilibrado
Hace
tiempo que él advirtió que en el campo la mecanización
y la aplicación de la química a la agricultura duplicarían
el grano, pero en detrimento de los pájaros. La solución
está en echar marcha atrás, “intentar el equilibrio
de tal manera que la buena cosecha de grano no impida la buena cosecha
de perdices”
El
mundo rural castellano es un gran maestro
A
mí los campesinos castellanos, con sus virtudes y defectos, me
han enseñado mucho, sostiene Delibes..
Sin
embargo, no profesa que la aldea sea buena y la ciudad mala
Delibes
afirma: ”De mí se ha venido a decir que escribo bajo el lema
`menosprecio de corte y alabanza de aldea´, y puede que haya algo
de verdad (...) afirmar, como alguno ha hecho, que para mí la virtud
está en el campo, y el pecado en la ciudad, aunque alguno de mis
personajes lo diga, media un abismo”.
Progreso y ruralidad
Miguel
Delibes está a favor del progreso del campo siempre que se alcance
sin detrimento de sus auténticas esencias y valores rurales.
Los
pueblos castellanos están hechos por sus hombres y su historia
“Las
calles, la plaza y los edificios no hacían el pueblo, ni tan siquiera
le daban fisonomía. A un pueblo lo hacían sus hombres y
su historia. Y Daniel, el Mochuelo, sabía que por aquellas calles
cubiertas de pastosas boñigas y por las casas que las flanqueaban,
pasaron hombres honorables, que hoy eran sombras, pero que dieron al pueblo
y al valle un sentido, una armonía, unas costumbres, un ritmo,
un modo propio y peculiar de vivir” (El camino).
Distancia
entre el mundo rural y el del artificio
En
Mi vida al aire libre, capítulo VI, La mar y los peces,
se enfrenta al cangrejo español pallipes con el cangrejo americano.
Con este y ejemplos semejantes se mide la distancia que separa el mundo
rural que ha conocido Miguel Delibes en su infancia y juventud del mundo
del artificio que cuando escribe lo remplaza. El cangrejo autóctono
es una muestra barrida de la existencia, por un extraño sentido
del progreso
Lavar
la cara a los pueblos puede ser un atentado
No
es cuestión de enjalbegar edificios de piedra ni de tirar nidos
de cigüeñas. Lo rural tiene su color y peculiar fisonomía,
que hay que conservar.
El
mundo rural es cercanía y concreción; el ciudadano, distancia
y abstracción
“Los
habitantes de las ciudades en los países industrializados tienden
a utilizar términos generales o de formas de vida para hacer referencias
a plantas y animales. Son muy pocos los que pueden nombrar las diferentes
plantas que pueden tener en su jardín. La gente que vive en sociedades
menos complejas conoce mucho más términos específicos
que hacen referencia a plantas y animales”.
Sencillez
del mundo rural: la aspiración a llamar a las cosas por su nombre
“En
mis novelas y relatos sobre Castilla, lo único que pretendo es
llamar a las cosas por su nombre y saber el nombre de las cosas”
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