
El
tío Ratero, protagonista de Las ratas
Aunque el manuscrito de Las ratas tiene fecha el 8 de marzo de
1959, Miguel Delibes lo publica en 1962, un año feliz para la narrativa
española. Es un espeluznante cuadro naturalista. Ocupa el extremo
opuesto a la visión amable de la vida rural de El camino.
Por Las ratas se le concede a Miguel Delibes el Premio de la
Crítica. El momento agrícola es particularmente difícil
para Castilla y nuestro novelista toma de nuevo con esta obra la defensa,
aquí agria y dura, del campesino y del campo castellanos.
Singular
personaje
No dice el novelista
el nombre del tío Ratero. Deja al lector con en el apodo que lo
señala y lo define como caricatura de un tipo de personas singulares
y extrañas que también se dan en Castilla.
Lo curioso es que viene a ser la sombra hecha ficción y personaje
de novela de un concreto individuo real que el novelista encontró
en una de sus cacerías por tierras de Segovia.
De su físico el novelista ve primero sus dientes podridos y sus
encías descarnadas. Dice que tiene los ojos rudos y huidizos, de
alimaña. Los labios agrietados, la sonrisa socarrona e indescifrable.
Su inteligencia es instintiva. Le fatiga el acto de pensar. Por eso no
articula más de cuatro palabras ni hilvana más de dos ideas
seguidas.
El tío Ratero es un individuo primitivo, salvaje, en el sentido
de no cultivado ni modelado por la civilización.
Hombre de instinto, morirá en la cárcel por un asesinato
que comete por motivos puramente animales, como es la defensa de su territorio
de caza
La
circunstancia del tío Ratero
No se dice expresamente
en ningún lugar del relato que sea el pueblo del Ratero un pueblo
castellano. Pero se supone que en el pensamiento del novelista es así.
Es un pueblo muy pequeño. Entre los años 1950-1960. No pasa
de los treinta vecinos. Geográficamente es reseco. Económicamente,
mísero.
La naturaleza impera en este pueblo, es parte de su ser y modela el ritmo
de su vida. La novela nos presenta el campo durante el tiempo que transcurre
de un otoño al verano siguiente. El campo lo impregna todo. El
novelista encuentra ocasiones de mostrarlo con detalle.
Se lleva bien el Ratero con los demás vecinos del pueblo, a los
que ni crea ni ellos le quieren crear problemas. Vive de vender las ratas
que caza en el río.
El mundo urbano es el que vendrá fatalmente a caer sobre él.
Le presionará para que deje la cueva en la que vive y se vaya a
una casa, terminando con “la vergüenza de la cueva”.
El mundo industrializado, civilizado y hecho sistema, no aprecia el valor
de aquella cueva como balcón de la Naturaleza.
Cazador
de ratas
En Las ratas,
el tío Ratero es un innato cazador de ratas, no se le puede pedir
más arte ni mejor técnica venatoria. Un instinto animal
le hace ser limpio, rápido y certero. El novelista le ve con la
oreja pegada al suelo, mientras ausculta las entrañas de la tierra.
Cuando llega la veda, el Ratero, que respeta el celo de estos animales,
deja la caza, hasta el siguiente otoño.
Otro personaje que tiene enfrente de su existencia el Ratero es Luis,
el ratero de Torrecillórigo. Es solamente un aficionado, está
en la caza por matar el rato, pero, como le advierte Malvino al Ratero,
en su taberna, viene a quitarle el pan. Antes de que naciera ya era el
Ratero maestro en el oficio.
El
tío Ratero pierde y se pierde
Por defender su
cueva a ultranza -“la cueva es mía” -, perderá
la cueva y se perderá a sí mismo. Él, que es Ratero,
dejará de serlo, no volverá a cazar ratas. El artefacto
y artificio del mundo urbano, la máquina organizada del sistema
no le comprenderá: -“No lo entenderán”,
dice su hijo, el Nini.
El orbe rural del Ratero no ha sabido defender su parcela de vida –su
punto de razón y su punto de bondad-, en parte por ignorancia y
por la falta de luces en las que está sumido y en parte por el
abandono en que lo tiene arrinconado el sistema organizado y civilizado
que lo asedia.
El hijo del Ratero, el Nini, sobre uno y otro mundo, es el resquicio que
deja la novela para la esperanza de salvación del mundo rural.
Sobre el mundo rural concreto y el mundo del “progreso” en
marcha alza el Nini su grandeza moral de alma a una altura de prodigio.
Termina la novela: “tras el alcor se veía flotar el campanario
de la iglesia y en torno a él fueron surgiendo, poco a poco, las
pardas casas del pueblo..."
Las
verdades de tres extremos
En el tío
Ratero chocan el mundo rural, el urbano y la máquina del sistema
social, pero Las Ratas, que condenan sus mentiras, rigideces
y espacios nefastos, salvan a la vez las verdades de los tres extremos.
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